Parte 1 – «Cosas paranormales»

Llegamos a la entrada del jardín del Castillo de Xaldur y el taxista sigue sin decir ni una palabra. De pronto, el portón se abre sin llamar al timbre y entramos lentamente. Joder, es un poco siniestro, no sé en que momento me ha parecido buena idea venir a investigar este sitio. Es de noche y para colmo hay tanta niebla que no puedo ver nada. El taxista sigue sin hablar y a ratos choca sus dientes.

Después de un par de minutos llegamos a la puerta del castillo. Le pregunto cuánto es, y el tipo se queda en silencio… le dejo un billete de 20€ y me voy. No sé si será mucho o poco, pero el viaje hasta aquí fue bastante largo.

Al momento de bajarme el taxista apaga las luces y se va a oscuras… es extraño, es como si no tuviese ojos. Estaré desvariando, la sugestión de llegar a un castillo abandonado y del cual he escuchado demasiadas historias.

Parte 2 – «Ratas»

La puerta del castillo es grande y de madera, la empujo para ver si está abierta y efectivamente, se abre sin dificultad. El sonido de las bisagras es tétrico y bastante desagradable, característico de cualquier película de miedo. Respiro hondo y entro. Tras la puerta hay un recibidor muy amplio con una alfombra roja un tanto desgastada por el tiempo.

El castillo está completamente a oscuras, tendré que encender mi linterna para poder ver algo. De pronto, una corriente de aire frío choca contra mí, y seguidamente cierra la puerta de la entrada con fuerza. Justo en ese momento se encienden los candelabros por arte de magia y un montón de ratas salen de las paredes y se van corriendo por la escalera central.

Parte 3 – «El tío ese de la guadaña»

Llevo muchos años investigando los testimonios del castillo de Xaldur, he entrevistado en los psiquiátricos a los pocos que afirman haber salido de aquí y todos los casos de desaparecidos. Ningún habitante del pueblo de Xaldur quiere acercarse a este lugar por nada del mundo, solo ese taxista extraño que no dijo ni una palabra.

No hay explicación lógica que le de respuesta al encendido de los candelabros tras el portazo, pero estoy seguro de que la encontraré, pienso registrar este castillo hasta que descubra lo que pasa.

Me dirijo hacia la gran escalera central por donde se fueron las ratas y de pronto, una sensación de frío invade mi cuerpo. Por el pasillo izquierdo de la segunda planta junto a la barandilla, las luces se van apagando al paso de alguien vestido con una túnica negra con capucha y una guadaña. Me quedo petrificado y con el pulso acelerado mientras desaparece entrando por una de las puertas.

Parte 4 – «Espíritus»

¿Qué demonios hace un tío con una guadaña paseando por aquí? Y lo peor es que se iban apagando los candelabros a su paso. Trago saliva y sin perder ni un segundo saco la pistola de la mochila, le coloco la linterna encima con cinta americana y subo las escaleras. Tengo que saber quién es ese tipo y que hace aquí.

Al abrir la puerta por la que entró, descubro una habitación con dos sillones de piel marrón y una chimenea encendida. En ellos hay dos señores vestidos de traje. Están bebiendo una copa y fumando un puro. Me acerco a ellos y cuando estoy a menos de un metro se desvanecen. Sin duda son espíritus posiblemente de algún habitante de este castillo.

No hay rastro del tipo de la guadaña, lo que sí que hay es una puerta a la derecha de la chimenea. Tengo que seguir.

Parte 5 – «Sangre»

Decidido y con la duda de saber que me encontraré al otro lado, abro la puerta. Es un vestidor y tampoco está el tipo de la guadaña, pero hay otra puerta.

En esta habitación hay una lámpara encendida pero no veo el interruptor por las paredes. No entiendo nada. La actividad paranormal en este castillo es muy alta, jamás había estado en un lugar con una carga tan alta. El aire es pesado y a ratos hay corrientes de aire frío y aire caliente.

La luz empieza a parpadear cada vez con más intensidad hasta que se apaga, seguidamente un ruido como el de un aspersor hace que llueva en la habitación, lo que me faltaba. El agua sabe rara, como metálica o alcalina, que asco. Al iluminar con la linterna descubro que no es agua, ¡es sangre! ¡Mierda! De cinco zancadas llego a la otra puerta del vestidor y entro.

Parte 6 – «Los payasos»

¡Estoy empapado de sangre! ¡Qué asco! Pero eso no es lo peor… Estoy dentro de una habitación muy grande con camillas llenas de cadáveres humanos. En el fondo de la sala hay dos payasos con cuchillos cortando las cabezas de los cuerpos y vaciándolas para hacer lámparas como si fuesen calabazas de Halloween. No puedo más, y no puedo dejar que sigan con esta carnicería.

En cuanto me ven gritan y se echan a correr hacia mí como si estuviesen poseídos. No dudo, y como si fuese un acto reflejo, les apunto con mi pistola y con dos disparos en la cabeza se caen fulminados al suelo. Tengo que salir de aquí, lo mejor es que vuelva por donde vine.

Abro la puerta del vestidor y corro hacia la siguiente para volver a la de la chimenea donde estaban los espíritus fumando y bebiendo. Algo va mal, la puerta está atrancada y no se abre.

Parte 7 – «Avispas»

Intento volver a la habitación de los payasos pero justo cuando iba a abrir la puerta suena el pestillo. ¡Joder! ¡Quiero salir de aquí!

Por suerte el aspersor de sangre está apagado, pero puedo escuchar un zumbido. ¿Qué demonios será eso? Cada vez está más cerca.

¡No puede ser, la sala se está llenando de avispas! Salen de la rejilla de ventilación. Puedo sentir como vienen a por mí, tal vez atraídos por la sangre, también siento como me pican. ¡Tengo que salir de aquí o me matarán con su veneno!

Uso el peso de mi cuerpo para intentar romper la puerta pero es imposible. Disparo a la cerradura dos veces y con un último empujón la puerta se abre. Salgo corriendo y me voy hacia la puerta que da al pasillo de la escalera principal.

Parte 8 – «Depresión»

Por fin estoy en la escalera principal, tengo que salir lo antes posible. Siento como mis músculos se agarrotan y como empiezo a tener escalofríos. Me han picado demasiadas avispas, no puedo.

Empiezo a bajar por la escalera pero el entumecimiento consigue que mis piernas no respondan a mis movimientos y que me caiga por ellas. Al llegar al suelo el dolor es mucho más grande, creo que no puedo mover mis piernas, este es mi fin.

De pronto se abre la puerta principal y aparece el taxista con el tío de la guadaña. El taxista no tiene pies, está flotando en el aire y sus ojos son como nubes negras. El tío de la guadaña se acerca a mí y me clava la guadaña en la espalda. No puedo más, el dolor es horrible, no puedo moverme, ni siquiera puedo gritar, todo se está nublando y volviéndose más oscuro. Lo único que siento es el filo de la guadaña recorriendo mi cuello.