Él prometió ser el guardián de sus sueños, protegerla de sus miedos y cuidarla el resto de su vida. No tenía mucho, pero si un corazón sincero para regalarle. Dejó de estar perdido y sin rumbo. Ella se convirtió en su casa, en su sitio seguro, su refugio de tantas noches sin luna.

A veces, la vida puede ser muy dura, pero siempre aparece esa persona que te abraza con sus alas y te calma, te ordena y te cura. Dispuesta a contagiar su sonrisa, haciendo que desaparezca la tristeza. Él lo sabe, lo siente y desde entonces sólo sueña con perderse entre sus brazos, sin mapa, pero con ganas de recorrer cada poro de su piel. Una atracción que va más allá de lo físico, una conexión que codifican con cada beso, creando de cada momento un recuerdo, dando vida a lo que una vez fue un sueño.