La noche fue un auténtico desastre. Pero sólo tú y yo somos capaces de crear algo perfecto en el mayor de los desastres. Éramos dos desconocidos que no esperaban nada de la vida. Que ya habíamos sufrido tanto, que el miedo a volver a pasarlo mal, nos había cerrado por completo, o al menos eso creíamos.

No tardamos en descubrir que yo habitaba en ti y tú en mí. Que teníamos un espacio reservado desde siempre, con nuestro nombre, con nuestra forma. Sin saberlo, nuestra sonrisa era la llave de todo lo que nos quedaba por vivir. No éramos las primeras personas de nuestra vida, pero sí las que estaban destinadas a quedarse. No para un rato, ni para unos años, sino para toda la vida. Y es que lo supimos en ese momento, en el que nuestros labios se juntaron y crearon la hoguera más grande de San Juan. Tú tan caos y yo con tanta calma, tú tan «para ya», y yo de «vamos viendo». Lo cierto es que siempre te había buscado, y sé que tú a mí.

Ahora podemos decir que lo conseguimos. Que ha merecido la pena absolutamente todo. Las dudas, los miedos, los tiempos muertos. Todo lo que nos ha llevado a crear nuestra historia de amor. Aunque muchas veces nos tiremos de los pelos, los dos sabemos que es en nuestros abrazos donde queremos quedarnos. Que ya no hay espacio para decepciones, sino para vivir juntos las mejores emociones. Que doy gracias a la noche desastre, porque gane ser feliz contigo el resto de mis días.