A veces olvidamos lo fácil que es pedir perdón, y no somos conscientes de que podemos perder demasiado por no hacerlo. Nos centramos demasiado en querer tener la razón en todo. Nos enrocamos, y somos incapaces de ponernos en la piel de la otra persona. Entender que si algo que hemos dicho o hecho le ha sentado mal, aunque para nosotros sea una tontería, para esa persona puede ser algo muy importante.

Nos equivocamos muchas veces a lo largo del día, pero hay que saber pedir «perdón», y no pasa nada por ello. El único que se va a resentir es nuestro propio ego.

Pero sobretodo nunca dejes que se haga demasiado tarde, porque cuando quieras pedirlo, a lo mejor esa persona ya no está. Y ahí, los que no nos perdonaremos, seremos nosotros mismos.

La solución a muchos problemas de nuestro día se pueden resolver mediante el diálogo, y sabiendo que nuestro punto de vista puede ser el equivocado. Que podemos tener razón en algunas cosas y en otras no. Y ahí está lo bonito, en dialogar sin pensar que nuestra forma de ver la vida es la correcta y quién no lo haga así, está equivocado.