Si la vierais con mis ojos entenderíais porqué mereció la pena jugárselo todo, pero para que esto tenga sentido empezaré por el principio.

Era una mañana cualquiera y yo estaba en el bosque cortando leña, una tarea común para todos los campesinos del reino. De pronto, escuché un llanto, una voz quebrada que te rompía el alma con sólo escucharla. Fui hacia ella y descubrí que se trataba de la princesa, sentada en el suelo y llorando desconsoladamente. A su lado estaban sus dos lobos, que siempre la acompañan a todos lados.

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