Fue el destino junto con la casualidad quien quiso que estuvieran juntos esa noche. La noche en la que Romeo conoció a su Julieta. Estaban tumbados en la hierba mientras se contaban todo lo que pasaba por sus cabezas. Mirando las estrellas y pensando que quizás ese era el momento que llevaban tanto tiempo esperando. Los dos con cicatrices de las decepciones que dejaron atrás. Las mismas que casi apagan su sonrisa y su fe en el amor. Pero todo eso iba a cambiar cuando sus cabezas se juntaron y los dos se dieron su primer beso de amor. Ese que se da con los ojos apagados y los sentimientos encendidos. Sin ser conscientes de lo que acababa de pasar, pero sabiendo que no querían que se acabase por nada del mundo. Este era su momento.

Era verano y el calor volvía a calentar sus corazones. Tanto, que escribieron el inicio de lo que las estrellas admiraron aquella noche. A Romeo y Julieta sonriendo como nunca lo habían hecho. Dejaron atrás los miedos y dieron rienda suelta a todo lo que les quedaba por vivir. Haciendo de su felicidad el sueño que tanto imaginaron y nunca creyeron que llegaría.

Las semanas y los meses van pasando y Romeo lleva a Julieta a aquel escenario donde una noche los dos empezaron a vivir su gran historia. Ella no sospecha nada, pero él tiene todo planeado. Esa noche le pedirá la mano para colocarle un anillo que brillará con la luz de la luna llena. Ella dirá que sí, y volverán a besarse como la primera vez.

Los años pasaron y Romeo tiene que marcharse. No porque quiera, sino porque le llaman las estrellas que le vieron ser feliz con la persona que cuidó su corazón como nadie lo había hecho. Las lágrimas se escapan de sus ojos porque aunque Julieta está con él en la misma habitación, ella no recuerda nada. No porque no quiera, sino porque no puede. Porque Julieta hace ya varios años que se marchó. Él le dice que la quiere y que la cuidará el tiempo que le quede desde las estrellas. Julieta se acerca a su Romeo, le coge de la mano en su último aliento y susurra un «te quiero», leve, pero que calma a Romeo.

Y ese es el momento en el que esta gran historia de amor llegó a su fin, demostrando que el amor real puede contra todo y contra todos.