Todo final tiene un comienzo
Alberto Leiva Pallarés



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Relatos cortos


"Una tarde aburrida"

   Una tarde cualquiera en el viejo oeste americano. Corría el año 1834. Localidad, el pequeño pueblo de Lookerville. El viejo Jones el desdentado estaba sentado en la mecedora de su porche. Cantando Kentucky Waltz con su banjo maltratado por el tiempo y el uso. Jones canta con cierto llanto alegre en su voz. La tarde es calurosa y seca en julio.

     Bill coge su caballo “Blakie”. Un caballo fuerte y rápido. Al que Bill le tiene un cariño especial. Se dirige a “Modtown” en busca de una medicina para su hermana Jessica. Ella tiene una enfermedad que le impide llevar una vida normal. Necesita tomar esa medicina para poder caminar ya que jugar como los demás niños de siete años le es imposible.

     La señora Rose Carter ha hecho tarta de manzana y la ha puesto a enfriar en la ventana. Unas tartas excelentes. Los jóvenes Josh y Jebb la han visto y se van corriendo hacia la casa de la señora Rose. Escondiéndose debajo de la ventana y la que en un rato será su tarta de manzana. Todos los muchachos del pueblo le han robado en algún momento una tarta a la señora Rose. De hecho, seguro que ella las hace con esa intención. Es una buena señora. Solitaria y viuda. Siempre se preocupa por los demás y le encanta dar cosas a los demás. Algo que siempre enfadaba a su difunto marido Anthony el loco. Realmente no estaba loco, solo que era demasiado valiente. Ayudante del sheriff Jim. Todos sabían en el pueblo que en poco tiempo sería el sucesor de Jim. Él ya no está para ese puesto. Sus huesos se resienten, su espalda le tortura a cada movimiento. Sus manos ya no aguantan su revolver como antaño. Cuando era joven era el más rápido desenfundando y disparando. Con una puntería excelente. Siempre ganaba en los juegos de tiro del pueblo. Además de tener ese olfato de policía que solo tiene un hombre en cada generación.

     Los jóvenes Josh y Jebb ya han cogido la tarta y se van corriendo. La señora Rose los ha visto desde la ventana y sonríe. Una gran señora. Los dos jóvenes de quince y trece años ya están debajo del viejo árbol comiéndose lo que hace un rato era una tarta. Con los estómagos llenos y con toda una tarde de verano por delante. Josh le dice a Jebb que se vayan a la colina a disparar un rato. Tiene ganas de disparar. Jebb sabe donde guarda su padre el Winchester. En lo alto del armario de su habitación y las balas están en la bodega.

     Bill llega a Modtown con Blakie su caballo y entra en la consulta del médico local. El doctor Haffner, de origen europeo. El mejor doctor que se pueda imaginar. Siempre acierta en los diagnósticos, estudioso y defensor de las medicinas modernas. Prepara sus propias medicinas. Gracias a sus brebajes, Jessica puede andar. Se desconoce con que los hace pero tiene para todo tipo de dolencias. El doctor Haffner saluda a Bill y le pregunta qué tal va Jessica. Bill le dice que bastante bien solo que necesita la medicina porque ha empezado uno de los ataques. El doctor Haffner cambia su cara alegre por una con cierta preocupación. En vez de darle el brebaje azul le da uno negro y le dice que le dé este mejor. Es una receta que diseño nueva y que funcionará más rápido y con más duración. En definitiva, mejor que la anterior. Bill le paga la mitad del precio, Haffner le dice que no se preocupe que se lo deja a ese precio menos uno. Un hombre nunca debe ir por ahí sin dinero. Bill sonríe y le da las gracias. Sin perder más tiempo sale de la consulta, se monta en Blakie y se pone en marcha por el camino muerto.

     El camino muerto recibe su nombre por estar entre dos montañas y totalmente despoblado de vegetación. Algún cactus y pequeñas plantas nacen aisladas de vez en cuando pero siempre terminan muriendo al poco tiempo.

     Los jóvenes Josh y Jebb se han ido con el winchester a la colina del armadillo. Una colina rocosa. En frente está la colina del zorro. Justo entre las dos en la zona baja pasa el camino muerto atravesando las dos colinas. Jebb carga el rifle y apunta a un cactus. Su boca interpreta el clásico “piungg” que hacen los rifles al disparar pero no ha apretado el gatillo. Josh se ríe de él por no ser capaz de disparar. Josh es el mayor de los dos. Coge el rifle y apunta al mismo cactus. Él si que dispara. El cactus se parte en varios trozos desparramándose por el suelo. A lo lejos se divisa un jinete y Josh lo ha visto. Josh apunta con su rifle al pecho del jinete. Jebb le pregunta “¿qué se sentirá al disparar a un hombre?”. Josh escucha una conversación pasada de su abuelo en la que decía que para disparar a un hombre solo hay que respirar despacio, concentrarse y apretar el gatillo. La bala hará el resto.

     El rifle se disparó sin apenas apretar el gatillo. El ángel de la muerte había ejecutado la acción. El jinete se cayó al suelo y el caballo siguió corriendo. El joven Josh se queda paralizado mientras Jebb comienza a gritar diciendo “¡¡Lo has matado, lo has matado!!”. Jebb se marcha corriendo en dirección a su casa. El joven Josh se queda solo, petrificado, con ganas de ser él, el muerto y así no tener que enfrentarse a su padre cuando se entere de lo que ha hecho. Josh se marcha a su casa tirando el rifle al suelo. Al llegar entra en su cuarto cerrando la puerta. Se tira en su cama y comienza a llorar.

     A las pocas horas el sheriff Jim llega a casa de Josh y le cuenta a sus padres lo que ha pasado. El joven Jebb lo ha confesado. El padre de Josh grita desesperado golpeando las paredes por la rabia y la impotencia. La madre de Josh comienza a llorar y le pregunta al sheriff Jim a quién ha matado. El sheriff Jim se quita su sombrero y le dice que ha matado a Bill, cuando iba a por una medicina, a Modtown, para su hermana. Los padres de josh lloran desconsoladamente. Bill era un joven muy querido por todos. El sheriff Jim le dice al padre de Josh que esta vez no podrá hacer nada y que tendrá que juzgarlo. El pueblo pedirá que se equilibre el daño. La madre de Josh eleva el llanto y el padre de Josh maldice y se cae de rodillas. Josh hace aparición, bajando por las escaleras. Con lágrimas en sus ojos rojos y una cara desencajada.

     “¿Por qué lo has hecho?”, le preguntó el sheriff Jim a Josh. “¿Por qué lo has hecho?”. El joven Josh solo pudo responder “No lo sé”. Sus palabras quebradas y vueltas a una infancia que parecía haber querido dejar atrás. Corrió a su madre quien le abrazó llorando. Su padre los abrazó a los dos en un cúmulo de dolor y rabia. Los tres lloraban desconsolados, con tanto dolor que el sheriff Jim soltó una lágrima. Se armó de valor y dijo “Tengo que llevármelo”. Los tres comenzaron a gritar mientras el sheriff Jim se llevaba al joven a comisaría.

     El joven Josh permanece a la espera sentado en su cama de celda mirando a la pequeña ventana. Como entra el sol a través de ella. Puede escuchar el murmullo de la gente y de como los guardias acompañando al sheriff Jim se van acercando. No ha pasado ni un solo segundo durante los quince días que estuvo en prisión, en el que no pensara en Bill y en como le había quitado su vida. Todas las noche regresaba a él en sueños, haciéndole compañía en prisión. Diciéndole que no se preocupara que el iría a buscarlo en el momento de su ejecución.

     El sheriff Jim llegó y le dijo a Josh que se pusiera en pie, que el momento había llegado. “Lo siento mucho chico pero no puedo hacer nada. Nunca debiste jugar con el winchester”. Palabras que se clavaron el el corazón del joven Josh, recordándole el momento del disparo. Al salir de la prisión y al subir al carro blindado en dirección al árbol de la justicia. Todo el pueblo pedía su cabeza. El camino se hizo eterno, los guardias le miraban en el carro como si fuera el mayor villano del pueblo. El sheriff Jim era el único que intentaba mantener el tipo con aspecto de duro pero los años le habían hecho blando y comprensivo. Si por él fuera no castigaría al joven Josh. El solo ya se había castigado teniendo que soportar el peso de un muerto el resto de su vida y todo por saber que se siente al matar a un hombre.

     Al llegar al árbol de la justicia el joven Josh pudo contemplar como una soga colgaba de una de sus ramas. Una soga que llevaba su nombre escrito en sangre. En sangre de Bill. Una vez la soga pasó por su cabeza el joven Josh comenzó a llorar y entre llantos le pidió al sheriff Jim que le dejara pronunciar unas palabras. El sheriff Jim hizo que todo el mundo guardara silencio y le permitieran despedirse al muchacho. Allí estaban todos, los padres de Bill, su hermana, el doctor Haffner y todos y cada uno de los habitantes del pueblo y alrededores. Todos los que conocían a Bill pero a quien más le dolió mirar el joven Josh fue a sus padres. En primera fila, obligados a contemplar por la ley como su hijo era despojado de su vida por un crimen que había cometido.

     El joven Josh se armó de valor y empezó a pronunciar el que sería su último discurso.

     “Todo este tiempo no he hecho más que recordar aquella calurosa tarde en la que Jebb y yo buscábamos una distracción para pasar el rato. Aburridos e inquietos se nos ocurrió la peor de las ideas. La idea de jugar con un arma. Como cualquier niño solo queríamos sentirnos mayores haciendo algo de mayores. Por desgracia Bill apareció en el momento que yo tenía el rifle en la mano. Recuerdo aquel momento como si pasara ahora mismo y todo este tiempo e deseado ser yo el que se moría solo y desangrado por el disparo de una bala. Muriéndose mientras hacía algo honorable como ir a por una medicina para su hermana. No es así... No he hecho nada bueno en esta vida... Lo único que he hecho han sido pillerías y matar a un hombre. Os pediría perdón a todos pero serían solo palabras. Al único que le quiero pedir perdón es a Bill que es a quien le he privado de todo. Me lo merezco y merezco ser despojado de lo mismo que he arrancado. Por último quiero deciros que intentaré ser mejor persona en la otra vida, aunque me vaya directo al infierno. Por que no hay mayor infierno que haber vivido estos últimos quince días”.

     La gente del pueblo había comenzado a llorar. El Sheriff Jim miró a Josh y Josh le hizo una señal. La señal de “ya estoy listo jefe”. El verdugo retiró el taburete y Josh quedó suspendido por la soga. Ahogándose poco a poco. La gente gritaba pero todo sonido desapareció para le joven Josh. Lo único que podía contemplar era como un jinete se acercaba hacia él. Un jinete sin expresión a lomos de un caballo sin rostro. Al acercarse pudo contemplar el rostro del jinete. Era Bill. El jinete lo agarro montando su alma en su caballo y los dos cabalgaron juntos por un camino que los vivos no podían ver.

     El cuerpo del joven Josh, yacía muerto colgando en la soga.



FIN


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"Una tarde aburrida" by Alberto Leiva Pallarés is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
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*Comentario del escritor:

     La inspiración de este corto salió de una canción de Johnny Cash, seguro que ya sabéis a cual me refiero. Es una gran lección de vida este relato.


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