Todo final tiene un comienzo
Alberto Leiva Pallarés



Relatos cortos El diario de Jensen Penúltima estación El cazador de leyendas La historia de Jack Harley del 86 Vida y obra Tienda
Poesias La llama de hielo Cartas de guerra El cerdito Kurtly Bar Camilo Frases de Twitter Contacto Foro
Microrrelatos Relatos ilustrados Colaboraciones



Relatos cortos


"Una mañana de septiembre"

   La mañana comienza tranquila. El sol entra por las rendijas de la ventana. La sensación térmica me indica que hoy también será un día caluroso. Como cada mañana me voy directo a la ducha para terminar de despertar, luego me preparo el desayuno, me lavo los dientes y me voy. Hoy tengo que ir a hacer unas compras al centro comercial.

     Al terminar todas las tareas, salgo de casa y me voy a mi destino, dando un paseo por la ciudad. Una ciudad que ya se ha despertado hace un par de horas, todos con sus tareas propias de un día laborable. Como preveía en la cama, hace bastante calor. Para acceder al centro comercial hay que bajar por una pequeña calle peatonal con árboles a los lados que le dan sombra.

     En el medio de la calle puedo ver a una chica joven tocando la guitarra y cantando, no consigo acertar con la canción pero puedo destacar la voz de la chica que tiene algo especial que por un momento me dan ganas de echarle una moneda pero al abrir la cartera descubro que no me queda ninguna que le haga justicia a su calidad. Sigo mi camino sin detenerme con la pena de no haberle podido dar nada. Consigo hacer un trato conmigo mismo, aprovechando que tengo que comprar, si al salir sigue en el mismo lugar, le daré una moneda.

     Realizo mis compras y me tomo un café, no consigo despertar del todo en este día. Al terminar voy por la misma calle y allí está ella… Tocando una vez más una canción que reconozco, esta vez sí, esta vez se cual es… “Carry you home" de James Blunt, sacando un sonido excelente de su guitarra y creando un sonido con su voz que hace que me detenga, le eche una moneda y me quede mirando para ella. Disfrutando del momento. Ella se agacha agradeciéndome el gesto, soltándome un leve gracias apenas inaudible. Una chica rubia de pelo largo ocultando más de la mitad de su cara, descubriendo uno de sus ojos de un bonito color azul cielo, cristalino, profundo y sincero. Un espejo que junto a su voz deja su interior al descubierto. Tocando para mí, sigue con la canción, como si estuviéramos en una sala completamente a oscuras con un foco encima nuestra, sin poder ver nada más. Sin calor, sin prisas, sin ser esclavo del tiempo, un tiempo con el que parece estar jugando con sus dedos, meciéndolo con su tierna voz. Compartiendo su dolor con la canción en una sincronía perfecta.

     Termina la canción y me vuelve a dar las gracias, le digo que lo ha hecho perfecto, que me ha encantado. En su acento descubro que no es de aquí, le ofrezco ir a tomar un café y acepta encantada. Me cuenta que ha llegado a la ciudad hace un par de días y que lo que saca tocando lo usa para vivir el día a día. Hace más de un mes que salió de Londres, su ciudad natal. Me dice que echa de menos su pasado pero que es algo que ya no existe y no puede volver a él. No me meto en eso, no tengo intención de remover sus demonios, sólo disfrutar este momento y hablar de música. Sus gustos musicales son exquisitos y por sorpresa para mí, a pesar de ser de Londres no es fan de los Beatles, si no de Elvis, algo que hace que me gane más. Entre sus gustos además de James Blunt como ya me dejó claro, están Johnny Cash, Bob Dylan y Micah P. Hinson.

     Cuando terminamos el café, nos despedimos y me da su teléfono, quedamos en volver a vernos esta noche para ir a cenar. Se va una vez más, “a ganarse el día a día”. La acompaño a su lugar de trabajo y me voy de vuelta a casa.

     De pronto, el pitido de un coche, me devuelve a la realidad. En mitad de un paso de cebra con el semáforo en rojo. Corro hasta la acera y mi vista se va directa a mi mano derecha, en ella, una moneda en donde debería haber un papel con un número de teléfono. Miro hacia abajo y allí está ella. No tengo la menor idea de lo que ha pasado, mis pies siguieron dando sus pasos camino a casa. Podía haber vuelto atrás y dejar la moneda pero no tengo tiempo, tengo que volver a casa o será demasiado tarde.


Licencia de Creative Commons
"Una mañana de septiembre" by Alberto Leiva Pallarés is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
© Todos los derechos reservados.


*Comentario del escritor:

     Después de unos días en busca de ideas, saltó la chispa. Espero que os guste este relato y esta "desconocida".


Si te ha gustado este contenido, puedes colaborar en mi causa como escritor. 1 céntimo es como un grano de arena que ayuda a construir una duna entera.
¡¡¡¡Gracias a todos/as!!!!