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Alberto Leiva Pallarés



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Relatos cortos


"Una de zombies"

   31 de octubre de 2011 y allí estábamos. Alicia, Ana, Marta, Luis, Jose y yo, Antón. En uno de los jardines de la facultad de telecomunicaciones de Vigo. Decidimos subir a las ocho de la noche. Encender una hoguera y contar historias de miedo. Aprovechando la magia de esta noche. Por suerte no llueve y no hace mucho frio para estas fechas.

     Luis me contó que tiene pensado declararse a Alicia. Lleva tiempo sintiendo por ella pero ella parece no sentir nada. Realmente no se como acabará esa historia. Yo siento una atracción sobrenatural por Ana. A veces me gustaría no pensar tanto en ella pero es por su encanto por el cual no puedo dejar de hacerlo. Marta es mi mejor amiga. El otro día me dijo que invitara a Jose a esta noche por que quería hablar con él. Sin duda será una noche mágica en todos los sentidos.

     Luis ha comprado unas nubes para barbacoa. Esas que salen siempre en las películas americanas. Ahora que lo pienso, esta podría ser una de esas películas americanas de universitarios que se reunen una noche de halloween para hacer esto, les aparece el clásico Jason y los mata a todos. Quizás debería contar una de esas historias, seguro que Jose me suelta uno de sus comentarios "Venga tio dejalo ya..." jajaja tiene aspecto de duro pero en el fondo es el primero en salir corriendo.

     Estamos todos sentados al rededor de la hoguera. Cada uno con nuestro palo haciendo nuestras nubes. La verdad que están realmente buenas. Yo nunca las había probado.

     -Antón, ¿por qué no cuentas una de tus historias?, ¿eres escritor no?. Podías empezar tú- Dijo Ana sonriendo.

     -Bueno lo que es escritor... solo tengo un blog pero vale. ¿Conocéis la historia de Alan García?- Dijo Antón mirando para todos.

     -¿Ese no es un chico que desapareció por aquí hace unos quince años o así?- Dijo Jose.

     -Si, era un estudiante de telecomunicaciones en esta misma facultad. El 31 de octubre de 1996 subió como nosotros con sus amigos pero algo salió mal. Lo que empezó como algo entretenido o la idea de llevarse alguna chica al huerto, resultó ser una pesadilla. Ellos eran cuatro, Alan García, dos chicas y un chico más. Alan García desapareció sin dejar rastro, aun sigue en la lista de desaparecidos. Los otros tres aparecieron una semana después bajando por la carretera hacia la ciudad de Vigo. Drogados y con una cantidad de alcohol en sangre muy elevada. Cuando se les pasó el efecto de las drogas, los tres parecían haber perdido la cabeza. Se echaban a la gente y les mordían. Tuvieron que encerrarlos en centros psiquiátricos. Ninguno razonaba, simplemente te observaban y atacaban para morderte. Como si fueran animales salvajes hambrientos. A dia de hoy aun permanecen encerrados en los centros Psiquiátricos. Alan García sigue desaparecido. Nadie sabe que le pasó, ni una sola pista de su paradero.- Concluyó Antón.

     -¿Habéis oido eso?, he escuchado un ruido en los árboles...- Dijo Jose con la voz temblorosa.

     -Jajajajaja ¿Jose tienes miedo?- Dijo Alicia riéndose.

     -Pues yo sí, maldita la hora en la que te dije que contaras una historia- Dijo Ana.

     -No te preocupes, no dejaré que te pase nada- Dijo Antón pasando su brazo izquiero por la espalda de Alicia.

     -Ooohhhhh que tierno... jajaja- dijo Luis.

     -Se me ocurre algo... ¿y si vamos a ver si hay alguna puerta abierta de la facultad y entramos dentro?- Dijo Marta.

     -Chicos, no estoy segura de que eso sea una buena idea- Dijo Alicia.

     Al final nos pusimos de acuerdo y decidimos ir a echar un vistazo. Ana iba agarrada a mi cintura por que segun ella, hacía frio. No hace falta decir que yo estaba encantado por ello. Alicia iba con Luis y Marta iba detrás hablando con Jose.

     Al ir comprobando las puertas. Todas estaban cerradas hasta que vimos una de las ventanas de un aula abierta. Decidimos intentar colarnos por ella. En poco tiempo ya estabamos dentro.

     -Chicos estamos dentro. Podemos hacer lo que queramos...- Dijo Jose.

     -¿Y si vamos al despacho de Antonio Martínez?- Dijo Marta.

     Antonio Martinez, tiene fama de mujeriego y de aprobar a chicas por algunos favores que prefiero no recordar. Al salir del aula empezamos a subir por el pasillo hacia los despachos. Los pasillos de teleco son eternos, deben medir unos cincuenta metros. De pronto una sombra pasó por la puerta.

     -¿Habéis visto eso?- Dijo Alicia con voz temblorosa.

     -Hostia, que mal rollo, hay alguien mas aquí dentro...- Dijo Jose.

     -Pero callaros, igual es algún alumno como nosotros- Dijo Luis.

     -Vamonos, esto no me gusta nada... quiero irme- Dijo Marta dando la vuelta.

     -¡AAAAAHHHHHHHHHH!

     Un grito sonó a nuestras espaldas al otro lado del pasillo. Nosotros estabamos justo en la mitad.

     -¿Qué ha sido eso?- Dijo Marta deletrando cada palabra.

     -Vamonos, tengo miedo- Dijo Alicia.

     -No, tenemos que ir a ver que pasó... igual alguien se cayó y se hizo daño.- Dijo Antón.

     Empezamos a caminar hacia el lugar de donde procedía el grito. Cuando llegamos al final, entramos por la puerta y vimos algo que creo que preferiamos no haber visto.

     Javier, un comañero de nuestra clase, estaba tirado en el suelo, con un charco de sangre enorme. Tiene lo que parece un mordisco en el cuello. ¿Qué demonios habrá pasado?

     -Dios, dios, dios, dios, .... que mal rollo ¡tenemos que irnos de aqui!- Dijo Jose bastante alterado.

     -Tenemos que llamar a la policía... Maldición, no tengo cobertura- Dijo Anton.

     -Yo tampoco...- Dijo Ana.

     -Yo tampoco...-Dijo Luis.

     -Ninguno tenemos... ¿Habrá algún tipo de inhibidor de frecuencias?- Dijo Alicia.

     -Es posible pero, ¿quién puede estar usando uno ahora? y ¿para qué?- Dijo Antón.

     -¡Para matarnos, tenemos que salir de aquí!.- Dijo Jose alterado y presa del pánico.

     -La sombra que vimos, ¿igual es Alan García?... tenemos que irnos de aqui...- Dijo Marta.

     -Tia callate, estoy temblando...- Dijo Alicia.

     -Tranquilos, volveremos a la clase y nos iremos por la ventana que entramos. Luego iremos al coche, bajaremos y avisaremos a la policía- Dijo Luis.

     Comenzamos a caminar, esta vez con el paso más acelerado. Al llegar al aula las ventanas estaban cerradas con llave.

     -Esto cada vez me gusta menos. Yo me largo de aquí sea como sea...- Dijo Jose mientras se iba corriendo por el pasillo hacia la derecha, donde se había visto la sombra.

     -¡Vuelve!, ¡A dónde vas!- Gritó Luis.

     -¡Maldito hijo de puta, deja de jugar con noso...!- Gritó Jose hasta que su voz se interrumpió.

     -¡Jose!-Gritó Luis.

     Nos echamos a correr por donde había ido Jose y para nuestra sorpresa, otra vez volvimos a ver algo que deseariamos no haber visto. Jose tirado en el suelo, con un charco de sagre a su al rededor y una herida en el cuello. Como si fuera un mordisco. Pero como si no fuera sufciente, otra vez volvimos a ver la sombra de alguien pasando al otro lado del pasillo.

     Alicia empezo a llorar presa del pánico. Su cuerpo temblaba de un miedo que era horrible con solo contemplarlo.

     -Tranquila, vamos a salir de aquí. ¡Mirame!, ¡Alicia, mirame!- Dijo Luis.

     -Yo no se vosotros pero aquí hay un hacha para incendios y yo no pienso estar desarmado ante esto- Dijo Luis.

     -Dios, ¿qué está pasando?, quiero irme a mi casa y estar tranquilamente viendo una peli en mi sofá con una manta- Dijo Marta llorando.

     -Chicos... que demonios...- Dijo Ana mirando por el pasillo.

     -¿Ese no es Javier?...- Dijo Luis.

     -Se mueve raro... como un jodido Zombie- Dijo Marta.

     -Antón, ¡la historia que contaste!, los chicos al volver querían morder a la gente...- Dijo Alicia.

     -No puede ser...- Dijo Antón.

     -Sea como sea, o corremos, o le clavo el hacha en la cabeza por que viene hacia aquí y cada vez va más rápido- Dijo Luis.

     -¡Pero que está pasando!- Gritó Alicia, alterada.

     -Ya es tarde. ¡Ya esta aquí!- Dijo Luis.

     Luis le clavó el hacha en la cabeza a Javier. Se desplomó en cuestión de segundos pero eso no detuvo a Luis que siguió clavándole el hacha en la cabeza unas tres veces más, hasta que Alicia lo paró.

     -Tenemos que salir de aquí- Dijo Marta.

     -Mirar, aquí hay gotas de sangre. Van hacia uno de los despachos de los profesores- Dijo Ana.

     Caminamos hasta una de las puertas.

     -El rastro indica que entró en este despacho... y es el de Antonio Martínez- Dijo Luis.

     Al abrir la puerta vimos lo que parecía una trampilla. Normalmente estaría tapada por una alfombra y por la mesa del despacho.

     -¿A dónde irá a parar eso?- Dijo Marta.

     -Solo hay una manera de averigüarlo- Dijo Luis.

     Empezamos a bajar por las escaleras hasta llegar a lo que parecía un laboratorio bajo tierra. La visión era bastante siniestra. Algunas camas de hospital, un montón de frascos con cosas dentro y montones de utensilios de medicina. Es una habitación enorme y poco iluminada. Al fondo hay como un pasillo que gira a la derecha. Continuamos andando hasta que llegar a él. Donde había un montón de puertas. Eran habitaciones de diez metros cuadrados. Como si fueran celdas. Estaban todas vacías menos una. Donde había una persona de pie con la cabeza baja. Al verle la cara pude recordar quien era. Alan García, el desaparecido Alan García.

     -Es otro zombie...- Dijo Marta.

     -Es Alan García- Dijo Anton.

     -¿Entonces?, ¿Antonio Martínez es el que ha estado haciendo esto?- Dijo Alicia.

     -En efecto... he sido yo el que ha hecho esto- Dijo Antonio Martínez.

     -¡Maldito hijo de puta, pagaras por esto!- Dijo Luis.

     -Yo me relajaría y tiraría ese hacha... no vais a salir de aquí- Dijo Antonio Martínez sacando un revolver y apuntando a la cabeza de Luis.

     -¡Eres un maldito lunático!, ¿lo sabes verdad?- Dijo Alicia.

     -Tranquila bonita, tengo grandes planes para vosotros. Tu tira el hacha al suelo- Dijo Antonio Martínez apuntando a Luis.

     Luis tiró el hacha mientras Antonio Martínez se acercaba a nosotros. Se puso al lado de Alicia y comenzó a acariciar su cara.

     -Eres realmente bonita- Dijo Antonio Martínez sonriente.

     Luis no pudo aguantarlo ni un segundo más y se lanzó sobre él. Por suerte para todos consiguió tirarlo al suelo. Empezó a golpear sus puños contra su cabeza hasta que Alicia tiró de él. Empezamos a correr hacia las escaleras hasta que un grito desgarrador rompió la tensión del momento.

     Antonio Martínez había atrapado a Alicia y tenía una jeringuilla en su cuello con un líquido verde.

     -¡Suéltala!- Dijo Luis con lágrimas en los ojos.

     -Ohhh... tu chico acaba de empezar a llorar- Dijo Antonio Martínez con tono sarcástico.

     -Iros... Luis te quiero y siempre te he querido...- Dijo Alicia con una voz hiriente y enternecedora.

     -No te voy a dejar aquí, vamos a acabar con él y nos hiremos...- Dijo Luis llorando desconsoladamente.

     -Correr ahora que podéis... te quiero...- Susurro Alicia.

     Antonio Martínez clavó la jeringuilla en el cuello de Alicia y le introdujo el líquido verde. En cuestión de segundos su piel palideció, sus ojos perdieron el brillo y su llanto se apagó. Empezó a emitir gruñidos, hasta el momento de querer echarse hacia nosotros.

     -Iros, yo los pararé... Cerrar la trampilla al salir- Dijo Luis mientras se agachaba y cogía el revolver.

     Comenzamos a subir las escaleras hasta llegar al despacho. Cerramos la trampilla y pusimos la mesa encima. De repente escuchamos un disparo seguido de una explosión. Quizás Luis haya disparado a alguna de las bombonas que había abajo.

     -Tenemos que salir de aquí- Dijo Antón.

     Salimos del despacho y para desgracia al final del pasillo estaba el zombie de Jose. Nos había visto y venía a por nosotros. No se que se nos pasaría por la cabeza pero Marta, Ana y yo comenzamos a correr hacia él. Conseguimos tirarlo al suelo pero algo iba mal.

     -¡Mierda me mordió el brazo!- Dijo Marta intentando levantarse.

     Cuando miramos fue demasiado tarde. El zombie de Jose se acaba de echar encima della y le estaba mordiendo el cuello. Cogí uno de los extintores y golpeé su cabeza. Conseguí tirarlo al suelo y volver a darle con el extintor hasta que su cabeza se rompió como un melón. Había dejado de moverse... volvía a estar muerto. Marta ya no respiraba y un charco de sangre comenzaba a formarse. Le había seccionado la yugular y su cuello parecía una fuente. Decidimos aplastar su cabeza al ver que empezaba a palidecer como los demás. Una vez hecho eso, nos dirigimos a la clase por la que entramos. Donde había comenzado todo. Tras varios golpes, conseguí romper el cristal con el extintor. Ana y yo saltamos y nos echamos a correr hacia el coche.

     No se cuanto tiempo llevaríamos allí metidos pero el sol comenzaba a salir. Al llegar a mi coche, Ana y yo nos miramos a los ojos, respiramos ondo y nos besamos. Seguidamente nos subimos al coche y nos fuimos hacia la ciudad de Vigo. Teníamos una historia que contarle a la policía. Lo que todo había empezado como una noche interesante, había acabado como una pesadilla que no seríamos capaces de olvidar. Habíamos perdido a cuatro amigos de la peor forma que se podía imaginar.


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*Comentario del escritor:

     Este relato fue en honor a mis compañeros del grado de telecomunicaciones.


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