Todo final tiene un comienzo
Alberto Leiva Pallarés



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Relatos cortos


"Un sucio atardecer de verano"

   - Cuanto tiempo...

      - Hablando de Moscú.

      “Hablando de Moscú” eso fue lo que dijo después de tanto tiempo. De todo lo que podría haber dicho lo único que se le ocurrió, fue “Hablando de Moscú”. Una frase normal para los oídos de cualquiera, una clave para nosotros. Una historia perdida en el tiempo donde el dejarse llevar ganó a la profesionalidad.

      - Sabría reconocer ese .44 aunque no estuviera tocando mi cabeza. Me preguntaba cuanto tardarías en encontrarme y justo elegiste este momento, sentado en este bar, con una cerveza en mis manos y la ciudad a nuestros pies.

      -¿Acaso habría otro momento mejor?

      -No, aquí empezó todo, es lógico que también acabe aquí en este atardecer de verano.

      -Ya ha empezado a ponerse el sol, en cuanto desaparezca te irás con él.

      -¿Serás capaz de apretar el gatillo?

      -¿Serías capaz tú?

      -Yo no fui el que cambió de agencia.

      - Si no lo hubiera hecho...

      -¿Qué?

      - Déjalo.

      - Hay cosas que nunca cambian por mucho tiempo que pase.

     - Si me vuelves a llamar cosa no ves como se va el sol entero.

     - No vas a dispararme.

     - No antes de tiempo.

     - Si lo vas a hacer déjame verte por última vez.

      Me giré y la vi, cambiada, distinta, una cicatriz recorría su cara tapada por unas gafas oscuras bastante grandes. Su mano firme y su .44 sin perder de vista mi frente.

      - ¿Tan mal os va en Italia?

      - Tú estás más viejo y cojeas, llevo tiempo siguiéndote.

      - Si, un despiste ya sabes... Mis compañeros nuevos no fueron como tú. Están todos bajo tierra.

      - No me interesa lo más mínimo.

      - Te diré lo que va a pasar, ya me cansé de esta tontería. Me voy a beber mi cerveza de un trago, voy a levantarme, me subiré a mi moto y me largaré de aquí. No quiero que me sigas, no quiero que tu revolver vuelva a tocar mi cabeza y por lo que más quieras deja de apuntarme con él.

      - ¿De verdad sigues pensando que vas a salir de aquí?

      - No me vas a disparar, te conozco lo suficiente como para saber que no eres capaz.

      - Ya no soy la misma.

      - Yo tampoco, vete con tu agencia y no te metas en los asuntos de la mía.

      - Si no me hubiera ido nos matarían a los dos, ese fue el trato.

      - ¿Y ahora vienes a qué? ¿A salvarte a ti? Yo me habría cargado al que me lo hubiera planteado.

      - No era tan fácil y tú lo sabes.

      - Ya ves, pues te lo pondré fácil.

      Me bebo mi cerveza de un trago y me levanto.

      - No lo hagas... No me obligues.

      - No digas nada, sólo hazlo.

      Puedo ver un momento de debilidad en su cabeza, es el momento, ser más rápido que ella, aprovechar su debilidad. Apartar el .44 y dejarla inconsciente. Una vez más tras su traición vuelvo a protegerla. La siento en la silla y la dejo viendo el atardecer. Meto una nota en un bolsillo de su chaqueta que dejo abierto para que lo lea.

      “Volveremos a vernos Valeria Torino, pero cuando las dos agencias hayan pagado por lo que nos han hecho.”




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"Un sucio atardecer de verano" by Alberto Leiva Pallarés is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
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*Comentario del escritor:

     Llevaba tiempo queriendo escribir este relato. Enlazado con "Un sucio almacén".


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