Todo final tiene un comienzo
Alberto Leiva Pallarés



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Relatos cortos


"Sangre en el hotel"

   Y aquí estamos los dos. Apuntándonos a la cabeza con nuestras pistolas. Giramos lentamente en el sentido opuesto a las agujas del reloj. Sin pestañear, sin mover ni un músculo de nuestras caras. Franccesca... Franccesca Gillianni. Lider de los Gillianni. Una mafia italiana con dominios en todo el mundo.

     Su pelo negro se mueve libremente con cada uno de sus pasos. Sus ojos color miel se clavan en mí, intentando colarse en mi cabeza. Una leve sonrisa brota en su cara.

     -¿Que piensas hacer, John Burton?.

     -Pienso meter una bala de mi pistola en tu retorcida cabeza y vengar a Marie.

     -Ohh, la Belle Marie... No hacía más que suplicar. Tuve que dispararle... me estaba levantando dolor de cabeza.

     -Sucia bastar... ahhhh.

     Un fuerte golpe en la cabeza me tiró al suelo. Desorientado y con el sonido distorsionado, intento levantarme pero una patada en la cabeza consigue dejarme sin sentido.

     Una voz y lo que parecen unas palmadas en mi cara consiguen despertarme. Mierda, estoy atado a una silla. Un reguero de sangre corre por mi cara hasta caer en mi camisa. En frente mía esta Franccesca, con su vestido negro ajustado caminando hacia mí.

     Se sienta encima mía y comienza a desabrochar mi camisa. Su mirada se aferra a mis ojos consiguiendo que no pueda pensar en nada que no sea desearla. Desear cada milímetro de su piel. Acerca sus labios a los míos y sin apenas rozarse comienza a susurrar en mi oído izquierdo.

     -Tuviste que irte con Marie, cuando podías haber estado conmigo. Es algo que jamás te perdonaré.

     -Nunca tendría nada con una escoria como tú- Dijo John mientras le escupía en la cara una mezcla entre saliva y sangre.

     Si supiera que su cara iba a ser esa, lo habría dicho antes. Su cabeza golpeó la mía y su puño derecho me golpeó en las costillas, fracturando algunas.

     Se levantó y caminó hacia la ventana. Era mi momento, ahora o nunca. Su mirada no me atrapaba, me levanté y golpeé la silla contra su espalda, rompiéndola de un golpe. Su pistola se deslizó por el suelo mientras ella se retorcía en el suelo. Empuñé la pistola y le apunté a la cabeza.

     -Mataste a Marie, mi mujer. Ella no pertenecía a ninguna mafia pero a ti pareció no importarte.

     -A ti no te importó matar a Antonio Gillianni, mi padre.

     -El era un asesino, frío y calculador. Sus muertes se contaban por miles.

     -Pagarás por esto, John Burton.

     -No, esta vez no... Se acabó Franccesca.

     El sonido del disparo se apoderó de la habitación del hotel. El cuerpo de Franccesca Gilliani comenzaba a mancharse por la sangre que salía de su cabeza. Podía escuchar los pasos de los hombres de Franccesca subiendo por las escaleras pero ya no me importaba. Mi final había llegado...

     Se ha acabado Marie... Mi amor... Me acerqué a la ventana y miré al sol por última vez. Pude escuchar la puerta de la habitación abriéndose. Alcé la pistola con mi mano derecha, apoyando el cañón de la pistola aun caliente en mi sien derecha y justo en ese momento tras una gran bocanada de aire apreté el gatillo.


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*Comentario del escritor:

     A veces el final tiene otro final. Darle una vuelta más a la tuerca y que no se rompa el engranaje, esa es mi filosofía.


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