Todo final tiene un comienzo
Alberto Leiva Pallarés



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Relatos cortos


"Operación mazo de hierro"

   Somalia, Mogadishu. Somos tres miembros de la fuerza especial Foxtrot. Michael, Luis y yo. Nuestro objetivo principal es matar al general rebelde Sayid Hirsi. El sargento Michael está en la azotea del hotel Florensa, denominado "El nido". Con su rifle de francotirador debe neutralizar al objetivo. Luis y yo tenemos que proteger la entrada del hotel para facilitar la evacuación de Michael. Nuestro enlace está en su posición, al inicio de la calle "Wadada Wadnaha". Todo está preparado para dar comienzo.

     -Aquí Michael, llega un todoterreno blanco y de copiloto el objetivo. Repito, llega un todoterreno blanco y de copiloto el objetivo. Cambio.

     -Recibido Michael, aquí el capitán Pablo. Fije el objetivo y cuando tenga un disparo claro, neutralícelo. Cambio.

     -El vehículo se detiene junto a nuestro enlace, cambio.

     -Estate atento a cualquier movimiento, cambio y corto.

     De pronto el sonido inconfundible de un AK-47 hizo aparición.

     -¡Qué ocurre Michael!- Dijo Pablo.

     -¡El enlace ha caído!. En espera de una orden.

     -¡Detenga el vehículo y neutralice el objetivo!.

     Rápidamente ordené a Luis salir del Hotel y disparar hacia el todoterreno. Tan pronto como salimos, un RPG impactó en la azotea del hotel. Ordené a Luis que se pusiera a cubierto pero parecía no escucharme. Comenzó a disparar al depósito del vehículo con su M4. El todoterreno salió volando por los aires. Seguidamente sin que pudiera percatarse, el cabo Luis miró hacia mí y otro misil de RPG lanzado desde la misma posición, acabó con su felicidad.. Por suerte para mi yo estaba a cubierto detrás de un contenedor. En cambio Luis yacía en el suelo sin ningún signo de vida.

     -Luis ha caído, Michael, elimine a ese RPG ¡ya!-Dijo Pablo.

     Tras esperar unos segundos sin respuesta.

     -Sargento Michael elimine ese RPG ¡ya!- Repitió Pablo al ver que no obtenía una respuesta.

     No podía esperar más, tenía que actuar. Estaba solo. No sabía donde podía haber más RPG pero no podía quedarme quieto o acabaría igual que el resto del equipo.

     Antes de que pudiera moverme, desde otra de las ventanas del edificio donde estaba el del RPG. Salió un rebelde con una AK-47 y comenzó a disparar a los civiles. Mi mirada se centro en una chica joven, de unos veinteaños, corriendo a por su hijo o su hermano que estaba en el medio de la carretera llorando. Otro disparo del RPG. Esta vez impactó en la chica y demás gente que corría buscando protección. El niño se quedó inmóbil, llorando en el medio de la calzada.

     Sin pensarlo me levanté y me eché a correr hacia el niño. Lo cogí en brazos y volví a mi posición. Lo puse detrás mia y apunté con mi M4 hacia el tipo de la Ak-47. Ayudándome de la mira telescópica apunté a su cabeza y disparé. Seguidamente apunté hacia el del RPG e hice el mismo ejercicio. De pronto empezaron a salir por las ventanas. Una lluvia incesante de balas que venían hacia mí. Cogí una de mis granadas de humo y la lancé al medio de la calle. El humo permitió que el fuego se parara. Cogí al niño y crucé la calle. Me coloqué en una posición perfecta. Estaba protegido por la pared y una gran visibilidad. Cuando el humo comenzó a disiparse pude ver a cinco de los rebeldes yendo hacia donde estaba antes. Cogí una granada y se la lancé.

     Parece que ya no queda nadie. Momento de ir a buscar a Michael. Quizás aun esté vivo. Cuando empecé a correr me detuve en seco y miré atrás. Allí estaba el niño mirándome con sus ojos llenos de lágrimas. Debía tener tres años. No podía dejarlo allí. Volví a correr hacia el niño, le cogí la mano y comencé a cruzar la calle con él corriendo. Al llegar a Luis comprobé su pulso. El cual, ya no estaba allí. Arranqué las chapas con su nombre de su cuello y fui al edificio. Le dije al niño que me esperara en la escalera, que volvería en un momento a por él. No creo que entienda mi idioma pero parece entender lo que le quiero decir. Al llegar a la azotea pude ver a Michael en un estado que recordaría el resto de mi vida. Cogí las chapas de lo poco que quedaba de su cuerpo y volví con el niño.

     -Bueno, te voy a llevar conmigo al cuartel general. Esto no es seguro para ti solo. Allí sabrán que hacer contigo. Necesito que me sigas en todo momento y que no sueltes mi mano. ¿Entiendes lo que te quiero decir?- Dijo Pablo.

     El niño asintió con la cabeza para mi asombro. Le cogí la mano y salimos fuera. Está claro que nos pueden disparar no puedo llevarlo al descubierto. Corrí hacia Michael, le quité el chaleco antibalas y el casco. El estaría orgulloso de que sirviera para esto. Se lo puse al niño. El casco le quedaba grande y el chaleco le llegaba a las rodillas. Quizás le pese un poco pero esto puede salvarle la vida. Puse mi M4 al hombro y cogí la pistola. Al llevar al niño agarrado con una mano, no podría disparar con el M4, la precisión sería horrible así que por eso llevo la pistola equipada.

     Comenzamos nuestra andanza por la misma calle, la "Wadada wadnaha" hasta el Hospital "Digfeer General" que está a las afueras. Hay mucho terreno de por medio. Al principio las calles y luego zona boscosa. Debo avisar al cuartel general.

     -Aquí el capitán Pablo del equipo Foxtrot. Solicito refuerzos. El sargento Michael y el cabo Luis han caído en la misión. El enlace también ha caído. Estoy solo en este momento. Cambio.

     -Aquí el cuartel general. No podemos enviar a nadie. Siga hasta la zona de extracción fijada, donde tendrá un helicóptero esperando. Cambio.

     -Recibido Cuartel general. Cambio y corto.

     Aunque mi objetivo es llegar al punto de extracción mi prioridad es mantener a salvo a este niño. A mitad de camino veo a tres rebeldes en una carnicería apuntando a los civiles. No podía dejar que muriera más gente inocente. Puse al niño a cubierto en un portal y me puse detrás de un coche estacionado. Me equipé con mi M4. Ajusté la mira y de tres tiros certeros acabé con el problema. Los tres rebeldes estaban abatidos en el suelo. Volví a por el niño y continué en mi trayecto.

     Llegando al final de la calle el niño comenzó a llorar. Me detuve y cogí mi cantimplora. No sé por que lo hice, quizás un instinto interno me dijera que el pequeño tenía sed. Le di la cantimplora a lo que el me rió y ayudándole se puso a beber. Casi se bebe todo el agua. Al final se atragantó, a lo que le di una palmadita en la espalda y el se volvió a reir.

     Su sonrisa me devolvió por un momento a mi casa. Pude ver a mi mujer y a mis tres hijos corriendo por el jardín de mi casa. Un disparo me devolvió a la realidad. Cogí al pequeño y me metí en un portal rompiéndo la puerta de una patada. El edificio estaba abandonado y medio en ruinas. No tengo ni la menor idea de donde vino ese disparo. Subí al primer piso y me fui a una de las ventanas. Me asomé y pude ver a dos rebeldes en la acera de enfrente, atrincherados en un coche. Es extraño, suelen ir de tres en tres. De pronto escuché pasos en el interior del edificio. Cogí mi pistola y comence a caminar hacia las escaleras. Justo al llegar a la puerta alguien me golpeó con la culata de un arma. Era el tercer rebelde que me faltaba. Me lancé hacia él y levantándolo por la cintura lo tiré de espaldas al suelo. Apunté con mi pistola y sin pensarlo apreté el gatillo. El pequeño me miró atemorizado pero no tenía tiempo de consolarlo, ahora mismo nuestras vidas corrían peligro. Corrí hacia la ventana y pude ver como los otros dos comenzaban a cruzar hacia el edificio. Cogí mi M4 y los neutralicé. Miré a todos lados para confirmar que estaba despejado y me fui hacia el pequeño.

     Le cogí la mano y el sé levantó. Creo que entendió que le estoy protegiendo. Se agarró a mi pierna, se aferró a ella con todas sus fuerzas. Me costó despegarlo pero cuando lo conseguí le di la mano y comenzamos a salir del edificio. Ya en la calle, por fin llegamos a la zona boscosa. Metiéndonos por entre los árboles tracé una linea recta para llegar al punto de extracción.

     Ya tenía contacto visual con el Hospital. Al llegar subí a la azotea, donde me recibieron parte de mis compañeros del equipo Delta. Al principio el pequeño no quería montarse en el helicóptero. Quizás le diera miedo. Me agaché apoyando una de mis rodillas en el suelo y abrí los brazos. El vino, me abrazó y me dio un beso en la mejilla. Aunque no nos entendamos con el idioma, hemos creado nuestro propio lenguage. Lo agarré y nos metimos en el helicóptero.

     Al llegar al cuartel general, el general Rodríguez me echó la bronca por llevarme a un niño conmigo. Al final entró en razón y me concedió unas cuantas medallas. Sinceramente las medallas me daban igual, lo que me importaba era saber que iba a pasar con el pequeño. Tras una investigación de unas horas. El general Rodríguez me informó que al pequeño no le quedaba familia. La única persona que le quedaba era su madre de diecinueve años. La que vi morir por el RPG. Le pedí al general si podía llevarme al pequeño a mi casa. El general Rodríguez me miró y me dijo "Hijo, he entregado muchas medallas pero esto que quiere hacer usted es mayor que cualquier rango o medalla. Le concedo un año de descanso con su familia y luego le recomendaré para que pase a ser instructor en algún cuartel militar de su zona".

     No pude aguantar y actué como el niño somalí. Sin pensar al oir esas palabras le di un abrazo al general Rodríguez.

     Diez días después estaba embarcando en un avión, con el niño somalí de camino a mi casa. Me pregunto, como se tomará esto mi mujer y mis hijos... Simplemente me dejaré llevar hasta ese momento, sin adelantar acontecimientos.


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"Operación mazo de hierro" by Alberto Leiva Pallarés is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
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*Comentario del escritor:

     Este relato fue un reto, quería escribir algo exacto como todo lo que hago. Me explico, quería nombrar las calles con exactitud, así que desde google maps(publicidad gratuita) busque una calle con la que desarrollar el relato. Podéis buscarla y veréis desde donde empieza hasta donde llega.


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