Todo final tiene un comienzo
Alberto Leiva Pallarés



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Relatos cortos


"La sombra negra"

   Los policías rompieron la puerta de una patada entrando en el domicilio de Mario pero ya era demasiado tarde. Su cuerpo frio e inerte, yacía ausente de cualquier síntoma que antaño fue vida. Uno de los policías, el más joven, se acercó al cuerpo y se agachó. En su brazo izquierdo tenía una jeringuilla clavada. En sus ojos se pudo ver un surco de lágrimas que se escaparon junto a su alma de su cuerpo. En su mano derecha había un libro y debajo una rosa roja marchitada. Al abrirlo el policía pudo comprobar que era una especie de diario en el que Mario fue contando una historia... su historia que empezaba así.

Día 1

     Mi nombre es Mario García, hijo de Jose Luis y María Antonia. Soy el tercero de cuatro hermanos. Mi hermano mayor Jose, el siguiente a mí que se llama Luis. Luego estoy yo y mi hermano pequeño que se llama Marcos.

     Mi familia, es una familia acomodada, con varias casas en distintas ciudades y en los mejores barrios. Poseemos uno de los negocios textiles más importantes del momento. El dinero nunca fue un problema para nosotros. El único problema fue la excesiva disciplina y el exceso de aparentar que somos la mejor familia del mundo ante los demás. Quizás por eso, yo siempre hice lo contrario. Aprendí a tocar la guitarra y coqueteé demasiado con las drogas y las fiestas. Hasta llegar al punto de quedarme solo.

Día 2

     Miles de peleas con mi familia me llevaron a vivir a la ciudad de Vigo. Donde toco la guitarra en la calle del principe para sacar un dinero que ojalá, la mayoría de las veces lo usara para comer pero la realidad es otra. Me enganché a la heroína, hace ya cinco años. Mi cuerpo se fue deteriorando hasta el punto de no poder mirarme a un espejo. Ya no reconozco al que se refleja en él. Mi pelo es lo suficientemente largo como para taparme la cara cuando estoy tocando la guitarra. La timidez es algo que no fui capaz de superar y con las drogas fue a peor. Los remordimientos y el sentimiento de culpa no me lo consigo quitar de encima. Pude tener una vida normal, con mi mercedes, una casa lujosa, en algún barrio donde me llamarían señor García. Quizás con algún sirviente y una esposa que quizás me quisiera más por mi dinero y mi posición social que por mi yo interior. También podría tener algunos crios con los que poder jugar, llevar al cole y regañarles de vez en cuando, por alguna travesura de niño. Verles llegar a casa con su primer amor y romper a llorar por la ilusión de ver a mis hijos crecer.

     En vez de eso, aquí estoy, con mi guitarra, apoyando mi espalda y mi pie derecho contra una pared. Esperando a que alguien se detenga y me de alguna moneda con la que poder comprar más heroína para chutar. Como dije antes, ojalá pudiera gastarlo en comida y no en esta jodida adicción. Las drogas son buenas decían... te ayudan a pasarlo mejor... todo el mundo las toma, si no las tomas eres un idiota al que nadie se quiere arrimar... Hipócritas, idiotas, estúpidos y gilipollas. Si antes supiera lo que sé ahora, se las metería por uno de sus horificios y los echaría de la fiesta dándoles una buena paliza. Escoria parasitaria que enganchan a personas con alguna dolencia interior, de esas que no tienen medicina que solo el tiempo o la distancia pueden curar.

Día 3

     Mis canciones las compongo yo. Siempre hablando de lo dura que es la vida, de algún desamor y de alguien que se va. Pero todo eso ha cambiado. Hay una chica rubia, uno setenta de estatura, de ojos azules, pelo largo, labios rojos, piel blanca y una sonrisa que me hace sentir una paz y una tranquilidad que jamás pude experimentar. Todos los días se detiene a escucharme cantar y me deja una moneda de un euro en la funda de la guitarra. Me suelta su sonrisa y se va. Por mi parte soy incapaz de hablarle. Me pierdo en sus ojos al mirarlos. Consigue atraparme mientras la guitarra no deja de sonar.

Día 4

     Hoy he hablado con la chica. Su nombre es Marta. Mi voz tartamudeaba, junto a mi aspecto. No se como no ha escapado corriendo. Alejándose lo máximo de mi. Hoy solo he ido a comprar droga al rincón una vez. Un solo chute. Al día siempre meto tres. Ausente de todo las 24 horas, sedado por lo ficticio, en un mundo de fantasía donde nada es real. No existe el dolor y solo existe indiferencia. Mañana le diré a Marta de tener una cita.

Día 5

     Soy idiota, como podía pensar que una chica tan bonita podría tener una cita con algo como yo. Su escusa fue, decirme que se tenía que ir a casa de sus padres y que pasaría el día entero con ellos. No la culpo, nadie querría pasar un segundo al lado de un yonki.

Día 6

     Marta... hoy ha venido a escucharme tocar y me ha regalado una rosa roja. Me ha dicho que no la deje morir hasta que ella se vaya marchitando por el paso del tiempo. Me ha hecho llorar y me ha dado un abrazo. Yo no quería dárselo. Le dije que olía mal por que no me podía lavar. Que estaba sucio. A ella le dio igual sonrió y me abrazó. Me dijo que algo tendríamos que hacer al respecto. Me invitó a ir a su casa, a darme una ducha. No fui. Me empieza a gustar demasiado y ella se merece algo mejor.

Día 7

     Hoy no pude evitarlo. Estaba en mi pared tocando mi guitarra, cuando Marta apareció, me agarró del brazo y me metió en su coche. Podría haberme resistido pero olía demasiado bien. Me aturdió con su aroma y simplemente me dejé llevar. En el coche no sabía que decirle pero a ella le ocurrió todo lo contrario. No paró de preguntarme donde vivía, que hacía y demás preguntas. No fui capaz de decirle que me drogaba. Quizás ya lo supiera por mis múltiples tics nerviosos. Marta es maravillosa, siempre tiene una sonrisa en la cara y siempre hace que te sientas bien.

     Ella vive en un apartamento a las afueras de la ciudad. Un piso acogedor sin demasiadas cosas. Un poco de ropa tirada por ahí como en cualquier casa de alguien que no para demasiado en ella. Me metió en el baño y me dijo que me duchara que me buscaría ropa limpia. Me sentía extraño pero feliz como un cachorrito dócil, hice lo que me ordenó. No tiene espejos en su baño, quizás compartamos la misma dolencia. Al salir de la ducha, Marta golpeó la puerta y me dijo que abriera para darme la ropa. Abrí... Quizás más de lo que ella habria querido. Se quedo mirando a mi cuerpo desnudo y me dijo algo como siempre hacia, "Esto ya es otra cosa, ahora estas mejor" mientras me daba la ropa con una sonrisa.

     Unos Jeans, una camisa Hugo Boss y un jersey de Lacoste. Cruel ironía del destino que me golpéa ahora mismo. Nos sentamos en la cocina y Marta me pide que toque alguna canción para ella. Empiezo a tocar mientras me pone un café... un delicioso café hecho por sus suaves manos y su infinito amor. Horas más tarde le digo que me tengo que ir. Ella me dice que si quiero puedo pasar la noche allí pero yo le digo que no, que tengo mi propia casa. En realidad es cierto, pero llena de basura.

Día 8

     Hoy no he visto a Marta.

Día 9

     Hoy he ido a casa de Marta y he visto algo que me ha vuelto a matar. Al doblar la esquina he visto a Marta besándose con un chico. Solo he podido mirar durante un minuto. Me he ido al rincón y he empeñado mi guitarra por heroína. Se acabó todo para mi, no puedo aguantar este dolor. El mundo se me cae encima ahora mismo. Me ha hecho tocar el cielo, para luego bajar al más profundo infierno. Ahora estoy aquí, en mi colchón. Tirado en el suelo de mi piso. Dispuesto a despedirme de este mundo con un último chute que me libere de mi dolor. Que rompa mis cadenas y me libere de esta depresión.

     Esto te lo escribo a ti, mi querida Marta. Me has enseñado que no todo el mundo ve tu aspecto. Si no que también hay personas que ven tu corazón. Tu viste mi corazón y quisiste arreglarlo pero quizás esté demasiado roto. Me despido de ti, diciendote que te quiero, que ojalá no me hubiera atrapado la sombra negra y pudiera tener una vida a tu lado pero la sombra negra me atrapó hace ya cinco años y desde entonces no he hecho más que desaparecer poco a poco de este mundo que me vio nacer. TE QUIERO, ADIÓS.

     El policía joven no pudo evitar derramar una lágrima al acabar de leer el relato. De repente un leve sonido salió de la boca de Mario.

     -¡Es tos!, ¡Está tosiendo, llamar a una ambulancia!- Dijo el joven policía.

Día 12

     Hola diario, he vuelto a nacer. Estoy en una cama en el hospital. Compartiendo habitación con un amable señor que me cuenta sus historias por las noches. Han pasado ya tres días, desde mi experiencia cercana a la muerte. Al parecer la vida me ha dado otra oportunidad. El chute no me mató, sino que me ralentizó el organismo hasta el punto de parecer un cadaver. Aunque mi aspecto de yonki tampoco ayudaba a parecer lo contrario. Un policía joven, leyó mi diario y fue el que me salvó. No se separó ningun día de mí. Su nombre es Carlos. Hoy fue a buscar a Marta y me la trajo al hospital. Al parecer el tipo con el que se estaba besando, es un compañero de trabajo que está enamorado de ella (no lo culpo). Marta me dijo que no sabía nada y que él fue el que le dio el beso pero que fue nada un pico hasta que ella lo separó. Parece ser que yo llegué en el momento justo para ver a mi destino a los ojos. Hay una frase que dice, "para aprender hay que caer y para ganar hay que perder" a partir de hoy, la convertire en mi lema de vida.

     Carlos me ha dicho que el estado me dará una paga por mi situación y Marta me ha dicho que me vaya a vivir con ella. Que ha visto algo en mi que no sabe que es pero que le atrae demasiado y quiere intentarlo. Yo en ella solo vi a un ángel que se detuvo cada día ante mí. Me agarró del brazo y me salvó la vida. La querré eternamente. Me despido de este diario ya que nunca más volveré a escribir en él. Lo guardaré como recuerdo de que no debo desaprovechar esta segunda oportunidad. Ingresaré en un centro de desintoxicación y comenzaré mi nueva vida junto a Marta.

     Me ha regalado una guitarra y me ha dicho que le debo una canción personalizada. Os la dejaré aquí para que también disfrutéis de ella.




"Mi Ángel Rubia"


Te posaste ante mí

regalándome tu felicidad

felicidad que se plantó en mí

como una semilla

que se detuvo en mi corazón

donde brotaron fuertes raices

alimentadas por tus sonrisas y por tu amor.


Si me plantara ante dios

y me concediera un deseo

solo podría pedir

vivir mi vida a tu lado.


Caminaremos juntos

de la mano de la ilusión

de un nuevo amanecer

sin perspectivas de un atardecer

que se esconde lejano

en nuestros corazones

tras las sombras de una noche

que forjó nuestro destino.


Te digo que te quiero

que sin ti me muero

que un día a tu lado

es para mí un deseo.


Licencia de Creative Commons
"La sombra negra" by Alberto Leiva Pallarés is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
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*Comentario del escritor:

     A esta historia le tengo mucho cariño, es una de las que me planteo como libro y no dejarlo solo en relato. La dureza de las drogas y como el amor puede sacar a cualquier persona de toda situación por muy difícil que sea.


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