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Alberto Leiva Pallarés



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Relatos cortos


"La rutina a paseo"

   Mi nombre es David Mitchell. Soy el subdirector de la empresa eléctrica más importante del país. El tipo al que todos miran y el tipo al que todos culpan. Muchos dicen que soy un afortunado. Cobro mucha pasta, tengo una impresionante novia y solo tengo a un jefe por encima mía. Un jefe que se pasa la mayor parte de su tiempo en viajes de placer, combinando con sus clásicas partidas al pádel con sus amigos. Yo he tenido que ir a alguna de esas interminables partidas mientras todos decían lo que tenían y lo que podrían tener con un solo chasquido de sus dedos. Se que muchos me envidian, muchos me insultan y a veces unos pocos me ignoran. Lo que nunca ha hecho nadie es comprenderme y ponerse en mi pellejo. Si por mí fuera me largaría, me iría de aquí y me dedicaría a hacer locuras. Ser un miembro más del cuarteto de un millón de dolares en los años 50.

     Ahora estoy aquí, a punto de cruzar la calle. Mirando mi Iphone 5 como no deja de sonar. “Living on a prayer” suena y vuelve a sonar una y otra vez. Ese es mi tono de llamada que consigue no dejarme descansar ni un segundo al día. Dejo que siga sonando esa deliciosa melodía mientras alzo mi vista y contemplo el emblemático edificio “Gerald Freinz Nacional Eléctrica”. Es un edificio de aspecto antiguo y moderno a la vez. Su fachada en piedra con figuras incrustadas que valen cada una de ellas una increíble fortuna. Devuelvo mi mirada al Iphone que ha parado de sonar. Cierro los ojos tan solo un instante y contemplo la paz. El silencio en mi mente, el silencio de la despreocupación. Para mi desgracia dura poco, Bon Jovi vuelve a cantar, haciendo un directo en mi mano, solo para mí. En la pantalla veo el nombre de mi chica, “Ellie”. Estoy cansado de ella. Es la típica chica que solo está contigo por el dinero, sin importarle nada tus sentimientos ni tus preocupaciones. Lo único que le interesa es mi tarjeta de crédito sin fondo. Realmente pensé que era otro tipo de chica pero he estado equivocado. Llevamos un mes saliendo y lo único bueno que tiene es cuando estamos en la cama. Sus movimientos de cadera son lo único que consigue que replanteé el momento de decirle adiós.

     -Ellie , ¿qué te pasa?

     -David, mi amor, se me han roto los zapatos nuevos. Los que me compre en New York la semana pasada...

     No puede ser... está llorando por unos zapatos...

     -Ellie, tranquilízate... Tenemos que hablar...

     -Siempre me dices lo mismo, que tenemos que hablar pero no quiero hablar, quiero mis zapatos. Los iba a llevar puestos a la cena de esta noche, ¿Recuerdas?, la cena que organizaron tu jefe y su mujer en su casa.

     joder, lo había olvidado... Realmente no puedo más, me quiero ir, quiero dejar esta mierda... Esto no es lo que buscaba cuando era pequeño... Solo una señal... solo necesito una jodida señal para irme y mandar todo a la mierda.

     -Me había olvidado... te compraré unos de camino a casa...

     -No, no sabes mis gustos, mándame tu tarjeta y me los compraré yo.

     -¿Nunca te cansas de gastarte mi dinero verdad?

     El teléfono comenzó a comunicar. Esa garrapata había entendido el mensaje. Supongo que ya estoy soltero. No quiero pensar como dejará la habitación de hotel en la que estamos. He estado con unas cuantas chicas así. No les suele gustar que las mandes a paseo o que les contestes lo que no quieren oír. Seguro que dentro de una semana estará abrazada a algún cantante diciéndole lo mucho que lo ama. Si hay algo que echaré de menos serán sus increíbles caderas y su increíble movimiento.

     Guardo mi teléfono y comienza a sonar otra vez. Paso, no lo voy a coger hasta llegar a mi despacho. Cruzo la calle y entro en el edificio GFNE. Me dirijo al ascensor con la mayor prisa que puedo. No quiero que nadie me moleste hasta llegar arriba. Entro en el ascensor y me quedo paralizado por una sonrisa.

     Una mujer de unos treinta años, delgada, rubia y con ojos oscuros se me queda mirando. Estamos los dos solos en el ascensor. Por un momento me gustaría que pasara eso que pasa en las películas. El ascensor se detiene bruscamente, se va la luz y solo nos ilumina un pequeño piloto del techo. La chica entra en pánico y se abraza al chico que está con ella. En este caso sería yo. Nuestras miradas se cruzan, nuestros labios se rozan y comenzamos a dar rienda suelta a nuestra pasión ocasional.

     -Si no le das al botón, no creo que vayas a tu planta.

     Sus palabras fueron un regalo de los ángeles que se posaron en mis oídos penetrándolos con su dulce y suave melodía.

     -Perdona...

     -Eres David Mitchell, ¿verdad?, ese apuesto joven subdirector de la empresa de 34 años.

     -¿Qué le ha llevado a pensar eso de mí?

     -Bueno, eres el único que lleva pelo largo y además en tu maletín pone subdirector D. Mitchell.

     -Jajajaja, reconozco que tienes un humor un tanto ácido pero he de reconocer que me gusta.

     -Se puede decir que te gustaría tener una cita conmigo, ¿no?

     -Pues reconozco que no estaría mal un poco de desconexión de este sitio.

     -¿Tú no estás con esa chica rica que sale en las revistas?

     -Creo que eso ha pasado a mejor vida hace un cuarto de hora.

     El timbre del ascensor sonó cortando el buen rollo que se acababa de empezar a gestar en ese ascensor. La chica comenzó a caminar con cierto flirteo elegante mientras me dedicó unas últimas palabras.

     -Pues tú y yo tendremos una cita cuando nos volvamos a cruzar en un sitio completamente distinto a este.

     -Entiendo, bonita forma de decir “no”. Al menos dime tú nombre.

     -He dicho que tal vez si se dan unas condiciones. En ningún momento he dicho que no. Lo que no te diré será mi nombre. Para ti seré “La chica sin nombre”.

     Me dedicó una última sonrisa mientras se cerraba la puerta del ascensor. Unos segundos más tarde, llegué a mi destino. Mi despacho. El maldito Iphone no dejaba de sonar, una y otra vez. Esta vez ponía desconocido. No conozco a ningún desconocido y ya lleva cinco llamadas perdidas.

     Una vez sentado comienza la rutina. Los teléfonos suenan, gente que llama a la puerta. Mi secretaria me recuerda los puntos a tratar en este día. Como un robot automatizado comienzo a hacer una tras una las tareas asignadas. Mi jefe me dice que quiere verme elegante en la cena de hoy en su casa y quiere saber si “caderas dulces” va a llevar un vestido corto, ajustado. ¿En serio?, ¿le acaba de llamar “caderas dulces” a la que era mi chica?. Me limito a fingir que no escuché ese comentario. Si llegara a mis oídos que Ellie tuvo sexo con mi jefe mientras lo tenía conmigo, creo que saltaría por esta jodida ventana.

     Las horas van pasando y pasando, lentas y aburridas. Cada vez más asqueado. El Iphone ha seguido sonando y esta vez me dispongo a cogerlo. La duodécima vez que llama el número desconocido.

     -¿Si?

     -¿David?, ¿David Michelle?, ¿eres tú?

     No puede ser. Solo hay un grupo de personas que me llamaban así y son los chicos de mi grupo del instituto. Tocábamos en todos los antros de la ciudad. Hasta grabamos un disco. “Los sueños de los rockeros se gestan en el infierno mamones”, en aquel momento no entendíamos por que no vendimos ni un disco. A día de hoy me hago una ligera idea.

     -¿Rubens?, te ha cambiado la voz, ¿qué has hecho?, ¿chupársela a un camello?

     -Jodido David. Tío quiero proponerte algo. Tenemos un concierto esta noche. Tributo a los de siempre ya sabes, Bon jovi, Nirvana, Bruce, etc. No tenemos voz y nos acordamos de ti. Ya se que dijiste que querías madurar y que un grupo no llegaría a nada pero tío te necesitamos. El concierto de hoy es importante. Va un tipo de una discográfica y es nuestra única oportunidad de dar el salto. ¿Vamos, que me dices?

     -Te digo... ¡que si hermano!. ¡Necesitaba algo así!. ¡Te juro que lo necesitaba!

     -Genial, quedamos a las 8:00PM en el local “The Roxy”, te pondremos al tanto de las novedades y ensayaremos un rato. El concierto es a las 00:00AM.

     -Allí nos veremos, chao.

     Y ahí está. La señal que buscaba. Mandar a tomar por culo este puto trabajo y esta puta vida de mierda. Aunque solo sea por una noche haré lo que me llenaba de vida en el pasado. Me despido de este trabajo de mierda y me largo para siempre.

     Abro la ventana. Estoy en el piso 23, miro mi Iphone 5 por última vez y lo lanzo con todas mis fuerzas. Puedo ver como cae al suelo y se convierte en varios trozos. Me dirijo al despacho de mi jefe. Abro la puerta y me despido voluntariamente.

     -Querido Gerald Freinz hijo. Me voy de tu jodida empresa de mierda. Me despido. Si quieres follarte a “Caderas dulces”, es toda tuya, me despido de ella también. Tómatelo, no se... como un regalo de despedida y tómatelo como una venganza por tu parte. Yo ya me he follado a tu maravillosa esposa la señorita Rose Summway. Puff eso si que era maravilloso. Recuerdo aquel día. Tú estabas jugando al pádel con aquel tipo... El de los ordenadores. Tu mujer me miró y me hizo una señal. La seguí y me tiró en tu cama. He de reconocer que los muelles quedaron dañados de aquel día. El sonido que hacían cuando acabamos no era el mismo de cuando empezamos. ¡Hasta siempre Freinz!

     Pude ver como se le hinchaba su vena de la muerte. Esa que todos los empleados temían. Cuando se hinchaba significaba que ya no había escapatoria, serías su próxima víctima y no podrías moverte. Yo cerré la puerta de su despacho y me largué hacia el ascensor. Pude escuchar, bueno toda las planta y me arriesgo a pensar que algunas plantas de debajo también lo escucharon. Se acordó de mi madre por así decirlo. Antes de llegar al ascensor mi secretaria me agarro del brazo y se echó a reír. Al parecer mi jefe estaba en una conferencia por teléfono y tenía activado el manos libres. Estaba hablando con el presidente del gobierno, los mejores clientes, posibles inversores y un puñado de altos cargos. Una sonrisa salió de mi cara. Pude escuchar unos pasos como de T-Rex tras e mi. Entre en el ascensor pulse el botón y mientras se cerraba la puerta pude ver como mi jefe venía hacia mí con un bate de baseball. Por suerte para mi la puerta se cerró a tiempo.

     Cuando llegué abajo camine hasta mi coche. Un BMW de alta gama. Me monté y me largué de allí. Eran las 19:00PM. Faltaba una hora para la cita. Me fui al hotel, con cierto miedo por si aun seguía Ellie allí. Al llegar a mi habitación pude comprobar con mis propios ojos, la fuerza de una mujer despechada. Estaba todo roto y desordenado. No se como hizo para tirar una mesa encima de la cama pero lo había hecho. Me fui a la ducha y me metí dentro con el traje. Me lo fui quitando mientras el agua iba cayendo sobre mi cuerpo vestido. Una sensación de libertad maravillosa. El traje estaba empapado y se iba pegando a mi mientras me lo quitaba. Minutos más tarde me fui al armario y cogí unas prendas que hacía muchísimo que no usaba. Un pantalón vaquero con cortes, una camiseta blanca ceñida, una chupa vaquera, un cinto negro con una hebilla plateada en la que ponia “Harley Davidson”. Me puse mis botines y unas muñequeras de cuero negro y me largué a mi cita.

     Cuando llegué el local estaba cerrado o eso parecía. Pete en la verja y la verja se abrió. Al otro lado estaba Mike, dando una calada a un cigarro.

     -¿Qué pasa tron?

     -Me alegro de verte Mike, ¿dónde están los otros dos?

     Allí están Rubens y Timm. Rubens ha engordado y Timm se está quedando calvo. Joder el tiempo no se detiene para nadie.

     -Eh, ¿dónde has dejado el traje?, ejecutivo.

     Todos nos reímos. Ese era Timm, el simpático Timm como le llamábamos en el insti.

     Estuvimos las 4 horas tocando y hablando de los viejos tiempos. De cuando éramos una banda de insti, con nuestras peleas y nuestras movidas. Siempre nos metíamos en líos. No sé como lo hacíamos pero siempre en líos. Recuerdo que la madre de Rubens entrara en un local a darle de hostias a un tipo que insultó a su hijo. Pobre desgraciado. Acabó con la nariz rota, un párpado destrozado y un brazo dislocado. También me contaron que habían hecho unos temas nuevos y que les gustaría que tocáramos algunos. Uno de ellos me llamo la atención. Se llamaba, “La chica sin nombre”. Me había olvidado por completo de ella. El día tuvo tantas cosas que me había olvidado de ella.

     Recuerdo para aquí, recuerdo para allá, por fin llegaron las 00:00. El público gritaba y pedía guerra. La pregunta era si nosotros seríamos capaces de luchar contra ellos o por lo contrario haríamos que se largaran del local, aburridos y asqueados. También va a estar el tipo ese de la discográfica. Me dijeron que no saben quien es. Que es un tío anónimo. Podría ser cualquiera.

     Chocamos nuestras manos, nos deseamos mierda y nos preparamos para salir al escenario. Como en los viejos tiempos. La luz se apaga. Un humo sale por los dos laterales del escenario en un ángulo de 45º. La gente grita, uno a uno vamos saliendo. La batería primero y comienza con su intro. Luego entra la guitarra, luego el bajo y luego entro yo y comienzo con la canción. Vamos a cantar 15 temas y 1 bis.

     Todo marcha, el concierto va saliendo, la gente grita de emoción y cada uno de nosotros damos lo mejor de nosotros mismos. Cerca de la última canción una chica capta mi atención. Es la chica del ascensor. Completamente cambiada. Su pelo suelto, una camiseta de asas alargadas deja ver su perfecto canalillo. Un pantalón de cuero negro ajustado hace que sus piernas sean puro deseo y lo que más llama mi atención son sus brazos. Un tatuaje de llamas en toda su espalda. Me sonrié y me guiña un ojo. Me lanza un beso y vuelve a sonreír.

     Es mi momento, hemos llegado a la última canción.

     -Bueno, esto se termina ya. Hemos tocado 15 temas para vosotros y lo hemos hecho como siempre, dando lo mejor para lo mejor. Esta canción que vamos a tocar ahora, se la quiero cantar al oído a una chica muy especial. No la conozco aún pero se que para mí será especial. Su nombre es... “La chica sin nombre”.

     El público se volvió como loco, es como si conocieran la canción. Timm me miró y me dijo que la tocaban cada fin de semana en el local. Que se había vuelto un clásico.

     -Dejadme un momento, lo que quiero decir, es que quiero que suba al escenario. Sube...

     Su cara era un poema, una sonrisa le desencajaba la cara. No sabía donde meterse. En su interior tenía una guerra entre dos lobos uno que le decía corre y el otro que le decía sube. Finalmente subió. La agarré por la cintura y le cante la canción. Llegando al final me soltó un beso que casi me corta la respiración. El corazón se me salía y mi lobo interno me decía que lo hiciéramos allí mismo, en ese escenario pero no podía ser. Me despedí del público, cogí a mi rubia del brazo y nos largamos pitando. Nos metimos en mi coche, corrimos acelerados hasta mi habitación de hotel. Donde nos tiramos en el suelo. No dio tiempo a más. Ella se subió encima mía, comenzó a frotarse mientras me besaba. Me arrancaba los labios a cada beso. Podía sentir su deseo en cada poro de su piel. Pasamos la noche como perros en celo. Al llegar la mañana los dos estábamos tirados desnudos en el suelo. La miré y le dije:

     -Vámonos.

     -¿Ahora?, ¿No te apetece echar otro?

     -No me entiendes. Vámonos de esta ciudad, larguémonos

     -¿Estás e coña?, ¿a dónde?, ¿aquí tengo a mi familia?

     -A donde salga el primer vuelo. Vámonos. Vístete. Quiero vivir esta historia contigo, vámonos. No se cuanto duraremos, ni como lo haremos. Lo único que quiero es pasar todo esto contigo. No te preocupes por nada, solo hazme caso.

     -Estás loco, jajaja, ¿a dónde?

     -¿Aceptas? ¿o te tendré que coger otra vez del brazo?, jajaja.

     -jajajaja, ¡acepto!

     Sus ojos se clavaron en mí. Pude sentir amor en ellos, el nacimiento de un amor que se había gestado en tan solo un día. ¿Cuánto duraremos?, no lo sé. Lo que si sé es que quiero cambiar mi vida y ella es el comienzo.

     -Y sí, si que quiero repetir y no con uno, con dos.

     Después de un poco de pasión más, nos fuimos al aeropuerto. El primer vuelo es a Isla tortuga. No se donde queda pero suena bien. Allí nos vamos.


     P.D.: En ese momento comenzó una historia de amor. David Mitchell y su misteriosa mujer que resultó ser Marie Blunch. Se convirtió en la mujer de sus tres hijos. Vivieron juntos toda la vida en Isla tortuga. Al año de llegar allí, David le pidió que se casara con él. Ella aceptó sin pestañear ni un segundo. El de la discográfica que les estuvo escuchando en el local les hizo una propuesta multimillonaria a los tres integrantes que quedaban del grupo. Ellos intentaron ponerse en contacto con David pero su móvil parecía estar apagado o fuera de cobertura. Lo que ellos no sabían era que su amigo se había marchado lejos y que jamás regresaría. Su destino había cambiado y su vida seguía un nuevo sendero marcado por la felicidad y el amor.


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*Comentario del escritor:

     ¿Quién no está enjaulado en un trabajo que le da para vivir pero que no es feliz en él? Así nació esta historia, con ganas de tener los medios suficientes como para mandar todo a la mierda y vivir tu vida en plena libertad. Un poco soez en cuanto al lenguaje y a las situaciones pero le da la fuerza y el carácter necesario para impactar. Es uno de mis favoritos.


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