Todo final tiene un comienzo
Alberto Leiva Pallarés



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Relatos cortos


"La experiencia de la vida"

   Aquí estoy, esperando la hora del final. El momento en el que todo se funda a negro y desaparezca para siempre quedando en el recuerdo. Escribiendo estas últimas lineas que jamás serán leídas por nadie o por nadie que entienda este lenguaje. Lo conseguimos, eso es cierto, hemos hecho historia. El problema es que nadie sabrá que la misión ha sido un éxito. A mi lado está Mike, el gran Mike, atrás deja una preciosa mujer, un cacho de pan que siempre tiene cariño para dar. También deja dos hijos, Joss de diez años y Anton de seis años. No volveremos a casa, no volveremos a ver a nuestras familias, es cierto que sabíamos a lo que nos enfrentábamos pero no te das cuenta de lo que dejas hasta que te vas y sabes que no volverás. Yo dejo atrás a Alice, mi Alice... Nos íbamos a casar a mi vuelta. Después de ocho años de noviazgo ya teníamos todo preparado para la gran ocasión.

     Para que todo esto tenga sentido os empezaré a contar todo. Noviembre de 2015, la misión era realizar el primer viaje espacio-tiempo. Crear un portal que nos permitiera desplazarnos, hasta ahí todo correcto. Se hizo un concurso para saber si alguien iría de voluntario. Allí me apunté, era algo que soñaba desde niño, el poder ver cosas que solo se podían ver en las pantallas de cine, televisiones o en los cómics. Quería vivir esa sensación, “La experiencia de la vida” le llamaron. Hubo miles de candidatos, después de montones de pruebas, exámenes y entrevistas, me dijeron que yo era uno de los seleccionados, el otro sería Mike mi compañero de viaje.

     La idea del primer viaje era ir desde Alaska hasta New York. Obviamente esto no es New York... Estamos en un planeta en el cual no sabemos ni a que sistema solar pertenece. Estamos en lo alto de una montaña, con un valle a nuestros pies que llega hasta más allá del alcance de nuestra visión. Está anocheciendo y lo más curioso y una de las mejores imágenes que he visto en mis treinta y dos años de vida, es la de contemplar dos soles, uno más grande que el otro ocultándose hasta el siguiente amanecer. A saber cuanto dura un día en este planeta. No hay vegetación, por lo menos en esta zona, tampoco hay agua ni ningún tipo de ser vivo. Por suerte para nosotros vamos ataviados con un traje espacial, al cual no le queda mucho oxígeno.

     Mike no me ha dicho nada desde hace un buen rato, se ha quedado contemplando fijamente como se ocultan los soles, nuestro último atardecer. Seguro que está pensando en su mujer y en sus dos niños... Lo siento Mike, lo siento.

     Yo sigo escribiendo esta carta de despedida, espero que en algún momento de la historia alguien llegue a este planeta y encuentre nuestros cuerpos muertos, expropiados de vida. Guardaré mi carta en uno de mis bolsillos para protegerla. No sé ni que nos encontrará, quizás seamos una especie nueva para ellos, solo diré que venimos de la Tierra lo cual es una estupidez, solo nosotros le llamamos así, un intento desesperado de volver a casa en algún momento supongo.

     Quizás puedan calcular el salto exacto de nuestro viaje y venir a buscarnos, aunque lo dudo, ahora mismo deberíamos estar en New York junto al presidente de los EEUU en un acto oficial para todo el planeta. Lo siento por nuestras familias, que estarán con los corazones encogidos esperando nuestro regreso. Lo siento, espero que si al morir hay algo más nos reencontremos en algún lugar con playa, sol y buenas copas.

     Debo llevar ya unas cuantas horas intentando sacar fuerzas para escribir todo esto, lo más duro que he tenido que escribir nunca. La angustia del momento no me deja mucha rapidez mental para elaborar esto.

     Mike se cae de rodillas golpeando el suelo con sus puños cerrados, en un intento desesperado porque todo esto se acabe, que todo esto sea un sueño, poder abrir los ojos y decir, “cinco minutos más y me levanto cariño”. Ya no Mike, ya no...

     No se por donde iba, así que os contaré lo que ha pasado, me he acercado a Mike le he dado un abrazo y le he dicho que se calmara, que todo esto acabaría rápido. Me abrazo tan fuerte que me corto la respiración pero fue lo más parecido a estar en casa. Seguidamente me dijo que se le acabó el oxígeno, que ya era su final. Se quitó el casco y se asfixió. Su cara se comenzó a poner morada y en pocos segundos se acabó su sufrimiento. Gracias Mike por este tiempo juntos.

     He comenzado a llorar como un niño pequeño, consumiendo el oxígeno mucho más rápido, mi corazón se quiere escapar de mi pecho, este es mi final. Guardaré la carta y me quedaré mirando este anochecer hasta que mi oxígeno se acabe por completo.

     Me despido de todos con un “Hasta siempre”, espero volver a veros en algún momento. Gracias por estar siempre ahí. Os quiero Steve.


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"La experiencia de la vida" by Alberto Leiva Pallarés is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
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*Comentario del escritor:

     Este relato lo usé para un concurso de ciencia, obviamente perdí tal concurso... Esta historia salió de un sueño que para mí fue genial, tanto el sentimiento como el momento.


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