Todo final tiene un comienzo
Alberto Leiva Pallarés



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Relatos cortos


"Filtro de amor"

   El bueno de Joe se dirige a su casa en el valle. Después de una dura jornada recogiendo algodón en la finca de los Montepío. Una sonrisa nace en su boca, acompañada por una cara de felicidad idiota mientras se imagina a Martha, su Martha. De pie en el porche de su casa esperándole mientras el viento mece su vestido de seda rosa. En la radio está sonando la voz del gran Roy Orbison. Cantando para los solitarios bajo una luna llena en compañía de todas las pequeñas velas que le siguen en el firmamento.

     Conduce su vieja camioneta Ford del 69. Con un faro roto y un sonido a chatarra que proviene de la parte delantera. El bueno de Joe piensa en llegar a su casa, salir de su coche, abrazar a su mujer y darle un beso. Su único deseo es estar a su lado tras un día de continuo ajetreo con el algodón. Lo único que le dará la paz que necesita ahora mismo.

     Al llegar a su casa la mosquitera está abierta. Golpeándose con el aire. La luz del porche está encendida pero Martha no está en él. Esperándole como cada noche. Joe sale de su camioneta y entra en su casa. La oscuridad en ella le empieza a preocupar hasta que escucha un ruído. Es Martha y debe estar en la cama. Joe piensa que quizás le tenga una sorpresa. Quizás ha ido a comprar un conjunto nuevo de lencería para sorprenderle. Joe sigue con su sonrisa idiota. Entra en la habitación y contempla la sorpresa. La gran sorpresa.

     Martha con compañía. Martha, su Martha está desnuda a cuatro patas mirando hacia él. Detrás tiene al hijo pequeño de los Montepío. La agarra por la cintura mientras realizaba envestidas una y otra vez. En el momento que la puerta se abrió. Martha se asustó y su vagina se cerró por el shock. El bueno de Joe pudo ver como justo antes de eso el hijo pequeño de los Montepío eyaculaba en el interior de su Martha. Enganchados por el shock. El bueno de Joe se cae de rodillas mientras contempla esa situación. Una situación que no se habría imaginado ni en la peor de sus pesadillas. Le gustaría salir corriendo. Le gustaría irse y no ver más de este momento. Joe comienza a llorar sin pronunciar palabra. Siente como su corazón se acaba de romper en trocitos más pequeños que migajas de pan. Migajas de pan que comienzan a fluir por sus venas, dándole la fuerza necesaria para levantarse, darse la vuelta e irse de la casa en dirección a su camioneta.

     Martha llora en la cama con la polla del hijo pequeño de los Montepío introducido en su vagina. El joven se ríe mientas dice “Buen rodeo Martha, muy buen rodeo”. Seguidamente le da palmadas en el culo a Martha mientras ella llora desconsolada. Llora apenada y dándose cuenta que por esa puerta acaba de ver marchar al único hombre que le había amado en su vida. Ella sabe que no es una mujer muy bella pero sabe que para Joe la belleza exterior no lo era tanto sino que para él la única belleza era la que ella le hacia sentir.

     Joe sale de la casa y se monta en su camioneta. Llorando y destrozado. Sin saber muy bien ¿cómo? ni ¿por qué?. Pero tiene que marcharse de este lugar para no volver jamás. Ahora solo tiene dudas. No sabe si en algún momento Martha estuvo enamorada de él o si siempre fue un engaño. Ahora todos los momentos a su lado pasan ante sus ojos en décimas de segundo. El momento en el puerto, cuando Joe le declaró su amor. El momento en el que se besaron por primera vez. El momento en el que sus cuerpos se unieron por primera vez. Tantos y tantos momentos que para él habían sido únicos y verdaderos. Martha la única razón para seguir cada día luchando con un trabajo que le rompía la espalda por una pequeña paga al mes. Pequeña pero suficiente para vivir con su gran amor. Ahora todo eso ha volado y lo único que puede recordar es el momento en el que el joven hijo de los Montepío eyaculaba en el interior de la vagina de Martha. Vagina que tantas veces el había besado y con la que tantas veces había jugado con todo el amor que le procesaba. Ahora se siente sucio, engañado. No quiere pensar en esto, solo quiere encender su maldita camioneta y marcharse. Marcharse tan lejos como ese cacharro le permita.

     El sonido del contacto al introducir la llave de la camioneta y girar hace que por un momento Joe piense que esa maldita camioneta no va a encender y no podrá escapar de ese momento. Pero si que se produce. El motor arranca haciendo ese ruido extraño exterior. El motor suena cada vez más fuerte pero Joe ya está en la nacional 65, camino de ninguna parte.

     Las luces de los coches que vienen hacia Joe se le clavan en sus ojos. Unos ojos rojos ensangrentados por el dolor de haber perdido a su gran amor. Llenos de agua como dos presas incontroladas que están desbordadas y rebosantes. Anegando a los pueblos que habitan en sus mejillas hasta llegar a su boca y desembocando en su barbilla.

     Cuando pasan un par de horas el ruido delantero de la camioneta se hace cada vez más grande hasta que algo hace que la camioneta se detenga. Joe intenta encender otra vez la camioneta pero el contacto no funciona. Joe sale y abre el capó. Mira para todo lo que hay dentro pero no sabe ni por donde empezar a mirar. Al rato un Chevrolet para delante de su camioneta y del asiento del conductor sale una chica rubia, delgada y rebosante de felicidad. El bueno de Joe había dejado de llorar ya hacia un rato pero su cara era de tristeza aguda. La chica se acercó a Joe y le pregunto qué le había pasado. El bueno de Joe le dijo que su camioneta se había detenido. Que la parte delantera hacía un ruido pero que no sabía lo que podría ser. Ella se rió y le dijo que ella sabía un poco de mecánica. Sus padres eran granjeros y ella y sus hermanos aprendieron a trabajar con maquinaria. La chica le dijo que se llamaba Rose y que el problema posiblemente era el filtro del aire que estaba roto. Lo que hacía que el coche se ahogara. Eso hasta donde ella podía ver. Le dice que el coche no tiene mucha solución en ese momento pero lo que más le preocupa es él. Joe se queda sorprendido y Rose le dice que no hace falta que le diga nada. Que sabe que algo malo le ha pasado pero que no hace falta que le cuente nada. Rose se ofrece a llevarlo a algún sitio. Le pregunta hacia donde va. A lo que Joe responde “A lo que llaman lejos”. Ella sonríe y le dice que también se dirige a ese lugar. Joe sonríe y por un momento deja de pensar en lo que pasó hace un par de horas. Rose le pregunta si le puede acompañar ya que ella ha tenido un problema hace un par de horas. Joe sonríe una vez más y le dice que sería un placer ir con ella en esta aventura. Rose se pega al bueno de Joe y le da un beso en los labios. Un beso fuerte y cálido que hace reaccionar a Joe. Que le devuelve el beso mientras la levanta por la cintura al abrazarla. Dejan de besarse y mirándose a los ojos sonríen como dos recién casados a punto de embarcarse en su luna de miel.

     Joe y Rose se montan en el Chevrolet y se marchan lejos con un fuerte acelerón por parte de Rose. La camioneta de Joe se queda en el arcén con los cuatro intermitentes puestos, el capó levantado y solo un faro alumbrando. Como guiñándoles un ojo en la despedida.


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*Comentario del escritor:

     Historia triste y dolorosa. Te metes en la piel de Joe y sientes lo mismo que él. Pero como siempre, a veces piensas que tienes la felicidad y no es más que un engaño, una nube que tarde o temprano se desvanece. Aún así siempre aparece alguien que te hace decir "¿por qué no?".


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