Todo final tiene un comienzo
Alberto Leiva Pallarés



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Relatos cortos


"Días de gloria"

   Sales de tu casa y lo primero que siente tu cuerpo es un sol ardiente, ansioso por fundir tu piel en tan sólo un instante. Para colmo la humedad se pega a tu piel creando esa sensación insoportable de ansiedad crónica, que te corta la respiración y consigue que no acabes de saciar tus pulmones con aire fresco. Siempre con la misma rutina, levantarse, hacer mil tareas intentando batir un nuevo récord. Al rato te rindes sabiendo que algunas de ellas las tendrás que dejar para “después”. Te vas a trabajar, donde la presión, el estrés y una vez más la falta de tiempo te hace rendirte de nuevo y dejar otra vez, cosas para “después”. Sin que te des cuenta el momento llegó. Ese instante en el que la realidad te golpea y te lleva por delante.

     Silencio, calma, instantes vacíos de pensamientos, en definitiva, todas esas sensaciones que te demuestran que el tiempo se ha detenido. Curiosidades o caprichos de la vida, lo que antes te estresaba, ahora te daría la paz y lo que antes te daba la paz ahora te estresa. Un equilibrio imposible del que sólo eres consciente cuando ya es tarde. Cuando los “dejar para después” ya no tienen espacio ni cabida. Un estado de pausa que te convierte en un espectador que enfrenta pasado y futuro, en un presente incierto que no sabe por donde encaminarse hacia lo correcto. Aunque eres consciente que no será un estado eterno pero lo apropias como si así fuese. Tendemos a quejarnos, a maldecir, a desear siempre lo que no tenemos en vez de disfrutar con lo que vamos viviendo.




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*Comentario del escritor:

     Siempre nos quejamos, cuando trabajamos porque lo hacemos y cuando no lo hacemos es porque no lo hacemos, ¿a quién no le ha pasado? Los seres humanos somos más felices cuando tenemos algo por lo que quejarnos pero aún quejándonos seguimos haciéndolo en vez de vivir la vida, recuerda que por mucho que te quejes el contador sigue sumando, es tiempo que pierdes.


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