Tal vez te preguntes que hacemos aquí, en este atardecer de verano, en el lugar en el que todo comenzó. Quizás ya sepas por donde van los tiros, siempre supiste leer más allá de mis ojos. Sonríes porque es inevitable, no puedes controlarlo. Mi corazón se quiere escapar, o puede que te quiera contar antes que mi boca lo que no puede callarse más. Hemos vivido tantos momentos mágicos, tantas primeras veces. Nuestro primer beso, nuestro primer viaje, nuestra primera noche juntos, nuestra primera discusión…

También tuvimos momentos complicados, baches que nos distanciaron más de lo que nos habría gustado. Dejamos hablar al orgullo y a los miedos, cuando lo más fácil era mirarnos a los ojos. Ojalá nunca hubiéramos desconfiado. Pero siempre estuvimos ahí, aunque nos viéramos con el rabillo del ojo. Me regalaste tus mejores sonrisas. Besaste mis cicatrices y me aguantaste cuando ni yo me aguantaba. Siempre con buenas palabras e intentando entender mis peores momentos, cuando lo fácil habría sido mandarme por ahí.

Hoy he querido traerte aquí porque te quiero más que a nada en el mundo. Porque eres todo lo que necesito para ser feliz. Aquí comenzamos y aquí quiero pedirte que te quedes conmigo para siempre, que no hay nada que no podamos superar. Que no quiero pasar ni un día más separado de ti.

¿Quieres casarte conmigo?