Todo final tiene un comienzo
Alberto Leiva Pallarés



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Penúltima estación


"Capítulo 4: Cada quen arrima as brasas á súa sardiña"

   Un ruido en la habitación donde está él hace que me despierte sobresaltada, para colmo Max estaba en mi cama y se levantó apresurado hacia allí. Puedo escuchar la “Batlámpara” sonando cada vez con más intensidad. Son las siete de la mañana, me queda una hora aún para levantarme así que me daré la vuelta y seguiré durmiendo un rato. Hay un calor horrible en esta habitación, me destapo y disfruto de la brisa que viene de la ventana. Al rato escucho como llega hasta mi habitación con Max al lado porque su respiración con la boca abierta es inconfundible. Me hago la dormida, se acerca y me vuelve a tapar con la sábana hasta la cintura. La suavidad y delicadeza con la que me tapa me pone los pelos de punta. Me encantaría abrir los ojos y decirle “Estoy despierta me acabo de destapar” y reírme un rato con él pero este momento en el que me tapa me hace sentir esa sensación que ya no recordaba. Ese cosquilleo que empieza en el estómago y va atravesando todo tu cuerpo hasta llegar a la cara y poner esa sonrisa de idiota. Puedo sentir su mirada clavándose en mí. Me pregunto que estará pensando, que se le estará pasando ahora por la cabeza.

     Después de un rato puedo sentir sus pasos y los de Max, marchándose a la cocina, cierra la puerta. Irá a desayunar, al parecer ya se siente como en casa... Son y diez, si que se tiró tiempo mirándome... A pesar de ser un tipo misterioso del que apenas sé nada, me siento muy cómoda con él, no sabría describir esta sensación. Al tocar la sabana con mis manos, la chica sensible y débil aparece, las lágrimas comienzan a caer por mis mejillas al recordar que mi hermana no está conmigo, que era yo la que iba a su habitación y la tapaba si hacía frío. La que le regañaba cuando hacía algo mal. Ella venía todas las noches (cuando no estaba su “novio”) a tirarse en mi cama y contarme como fue su día y todas las cosas que le pasaban. Yo también le contaba las mías pero no eran ni la cuarta parte de divertidas de lo que eran las suyas. A ella no le importaba, siempre se metía conmigo y a pesar de su juventud, también sabía dar consejos tan buenos como los de una abuela. La echo tanto de menos, a mi pequeña... Ojalá todo hubiera sido distinto, ojalá no tuviéramos que habernos quedado solas tan pronto. No pudimos disfrutar de nuestros padres y el resto de familia es como si no existiera. El estar en cama y saber que hay alguien más por casa a parte de Max es algo que ya había olvidado. Aunque solo pasaron dos meses para mí fueron una eternidad. ¡Ya basta! No puedo seguir llorando. No quiero que me vea así, ya bastante jodido está él como para que vea que mi vida no es ninguna maravilla tampoco. Puedo sentir olor a tortitas, no puede ser... ¿Estará haciendo tortitas? Las lágrimas vuelven a escena, mi hermana era la que sabía hacerlas, a mí se me pegan y me salen con un sabor asqueroso, nunca fui capaz de hacerlas. Ojalá estuvieras aquí enana, te echo mucho de menos... Puff vaya día tengo hoy, ahora olor a café dios... Está haciendo el desayuno...

     Mierda, se abre la puerta de la cocina, tengo que hacerme la dormida. Parece que no viene... No... Es la puerta del baño y el agua de la ducha. Son menos veinte, ya no me queda nada pero me encanta, hoy voy a estar despierta y sin prisas, “gracias desconocido”. Después de un tiempo sin pensar en nada, solo descansar con la mente en blanco, el despertador del móvil empieza a sonar. No hay nada mejor que “The Final Bell” de la BSO de Rocky para despertarse e ir a trabajar. Me levanto y voy hasta el salón, no sé ni que decirle por alguna extraña razón tengo algo de nervios. Al llegar lo veo mirando por la ventana, desconectado del mundo, en la mesa hay tortitas, zumo de naranja natural. Falta el café. Rompo el hielo con lo primero que me viene a la cabeza y me pierdo al verlo. Está guapísimo recién duchado, nos acercamos mientras hablamos y me dice que me vaya a duchar que luego desayunamos, sin pensar le doy un beso en la mejilla, de esos que me lo comería a besos por haber hecho esto. Me voy a la ducha sin decir nada más y bastante apresurada, menos mal que no se lo di en la boca que por otro lado me apetece hacerlo y más con estas cosas. No sé que me pasa con él, es como si le conociera desde siempre y no supiera quién es, lo único que sé es que me encanta. El agua comienza a despertar mi piel, me encanta esta sensación, las duchas deberían ser un derecho constitucional. Me siento una idiota, no puedo sentir por él y cada momento es peor. Siento que me estoy encariñando con él y no puede ser. Él lo pasó muy mal y posiblemente en lo que menos esté pensando es en tener algo conmigo o con cualquiera. Tengo que controlarme un poquito más. Además no vino a mi habitación a la noche, cualquier otro chico habría venido corriendo y habría intentado algo. Eso también me gusta de él, dios... Tengo que parar.

     Al sentarme en la mesa del salón veo algo, un Post-It, no puede ser... Como la enana... Otra vez llorando, no lo pude evitar al ver el Post-It y al leer lo que ponía “Pon una sonrisa en tú cara y te desayunarás el día =)” Se que es una tontería pero son estas cosas las que mueven el mundo. La gente piensa que tiene que hacer grandes cosas para conseguir cosas grandes y no, todo lo contrario, lo que mueve el mundo y con lo que se consigue todo es con las pequeñas cosas, esas a las que nadie le da importancia. Mientras desayunamos él me dice que le quedan seis días para marchar, sigo sin saber porqué estoy haciendo esto... También me dice que es cantautor aficionado, eso me hace saber que es una persona sensible y que lo que presiento de él es cierto. Al terminar de desayunar le doy 50€ para la compra y me voy a trabajar o llegaré tarde, además en la oficina me están volviendo loca últimamente.

     Ya estamos, es llegar a la oficina y no me dan tiempo para ir a mi mesa y mi ordenador, me cargan de papeles y no me dejan en paz. Mierda, no le dije que saque a Max a la calle. Le mandaré un Whatsapp... Hay... Que tontos... No nos dimos los teléfonos jajaja, llamaré al fijo. Al cuarto intento me coge el teléfono y me dice que ya lo tiene con la correa, joder, que eficiente es... Creo que debería cogerle un móvil, por lo menos para estos días que esté conmigo en casa, nunca se sabe cuando puede haber una emergencia.

     El resto del día en el trabajo pasa volando, cuando me doy cuenta ya es hora de salir. Me queda un poco de trabajo pendiente pero ya lo haré mañana, las horas extras no me las pagan y mi sueldo no es una gran maravilla. Apago el ordenador y empieza el plan de huída sin que nadie me retenga, bajo la cabeza y me voy a toda prisa. Me voy a la tienda de móviles más cercana y le digo que me de el mejor móvil de cien euros, con eso bastará y mi economía no da para mucho más. Con que pueda llamar y mandar mensajes me llega. Le digo que me lo ponga para regalo y me voy directa a casa. Al llegar otra sorpresa más, ha arreglado toda la casa, me ha hecho la cama, ha pasado la aspiradora, esta todo colocado salvo... ¿Qué hace un elefante aquí? Esto es cosa suya seguro, pues pienso devolverlo a su sitio sin decirle nada. Me lo meto en el bolsillo y me voy al salón donde me espera. La comida está riquísima, me encantan las espinacas y rellenas de frutos secos, una vez más me encanta. Al terminar va a buscar el café a la cocina, es mi momento de colocar el elefante en su sitio jajaja. Parecemos dos niños pequeños. Cojo la bolsa del móvil y espero a que venga. Su cara es un poema, mezcla de culpa, pena y alegría con ilusión. A veces me dan ganas de comérmelo a besos cuando se pone así. En menos de un día ha cambiado muchísimo, de estar hundido a hacer alguna pequeña broma. La verdad que a mí me está ayudando mucho sin haberle dicho nada es genial.

     Por la tarde nos vamos de compras, el necesita ropa y a mi me encanta ir de compras así que tendrá que aguantarme yendo de un sitio para otro y diciendo esto sí, esto no. Así pasamos la tarde, un par de pantalones largos, dos cortos, cinco camisetas, un par de chaquetas, un pijama y ropa interior. Este mes estoy gastando lo que no gaste en un año pero bueno, es por un buen motivo. La tarde nos pasa volando entre risas, bromas y buen rollo. La verdad que somos muy parecidos y a la vez muy distintos, digamos que nos complementamos muy bien. Al pasar por una pizzería el olor hace rugir mis tripas. Sin darle tiempo a pensar lo empujo hacia dentro y le digo que hoy cenaremos pizza jajaja. Espero que no piense que estoy loca o algo.

     Terminamos de cenar y nos vamos para casa, al llegar él saca a Max ha hacer pis y yo me voy directa a la cama. Tengo el estómago a puntito de reventar, comí como una vaca a diferencia de que no tengo cuatro estómagos pufff... Al rato viene y se tumba conmigo en la cama, no me lo puedo creer, lo ha hecho. La verdad que tengo ganas de pasar más tiempo con él y eso que estuvimos casi todo el día juntos. Es impresionante como puede cambiar todo en un momento. Ayer éramos dos desconocidos y hoy tenemos más complicidad que con muchos chicos con los que he estado y tan solo ha pasado un día. Hablamos de viajar y sin motivo tras una broma sobre volver a ver mi cena nos quedamos mirándonos tontamente, con esa cara de idiotas que solo tienen dos personas que se quieren comer a besos y no saben como hacerlo. Sus ojos me encantan y sus labios me invitan a acercarme poco a poco. De repente se aparta y me dice que se va a la cama que se le están cerrando los ojos, no puede ser... ¿En serio? ¿Se va a ir justo ahora? Y para colmo me da un beso en la frente como si fuera mi abuela, le doy un abrazo de esos de no te vayas y quédate conmigo esta noche, el día ha sido duro en cuanto a recuerdos y no me apetece dormirme sola. Pero se va, se separa lentamente de entre mis brazos y se va para su habitación. Para variar Max se va con él y yo me quedo aquí sola y desamparada. No sé cuanto podré aguantar esta situación, no sé que me está pasando con él pero no quiero que se vaya, quiero conocerlo e intentar ver que pasa. Hoy me ha dado un día perfecto, hacía muchísimo tiempo que no recordaba un día así. Felicidad, felicidad y más felicidad, solo vivir el momento y no pensar en que tengo que hacer ni en que hice. Lo mejor es que me duerma sino mañana a ver quien va a trabajar.

     Una vez más me despierto sobresaltada a las siete de la mañana, este chico no se aclara con la “Batlámpara”, con esa tontería consigue hacerme reír y destaparme una vez más, me estoy asando. Estos día ya hace calor a las siete pufff... Como ayer se cuela en mi habitación con Max, me sube la sábana hasta la cintura y vuelvo a sentir sus labios. Está vez en mi mejilla con una suavidad y una ternura que me pone los pelos de punta y un escalofrío recorre mi espalda. Separa sus labios de mi cara lentamente y se marcha a la cocina. Me encanta y cada vez más. Me siento una quinceañera con él, es único sin duda. Pienso en que se puede marchar y me da algo, no quiero despertarme sola nunca más, es muy duro y estoy harta de pasarlo mal quiero esto. Hoy quiero hacer algo especial con él. Al salir de trabajar nos vamos a ir por ahí a algún lado, de paseo y de tranquilidad. Quiero pasar el máximo tiempo posible con él.

     La hora me pasa volando, la canción de Rocky vuelve a sonar, es hora de levantarse. Me voy directa al salón, le doy los buenos días y me voy a la ducha. Esta vez tiene el desayuno tapado. No me lo quiere enseñar hasta que desayunemos, que será... Termino de ducharme y salgo intrigada por lo que habrá debajo del paño.

     -Vamos, ¿qué has hecho hoy? No aguanto la intriga.

     -Jajaja verás...

     Levanta los paños uno a uno, primero zumo de naranja como ayer y luego una ensalada de frutas, de todo tipo, me encanta y más con este calor. Luego el café recién hecho que le sale de vicio.

     -Me estás mal acostumbrando, yo no soy de desayunar así. Siempre me levanto tarde y entre sacar a Max, ducharme y prepararme termino tomando café del día anterior y un par de tostadas.

     -Bueno, pues esta semana me vas a permitir que te cuide un poco.

     -Si, si, tu no dejes de hacer esto jajaja pero no hace falta de verdad, eres mi invitado.

     -¿No era tu compañero de piso? Jajajajaja.

     -Bueno, eso, tú ya me entiendes jajaja.

     -¿Qué tal dormiste?

     -Pues muy bien la verdad, es agradable saber que no estoy sola en casa. ¿Tú que tal dormiste?

     -Pues muy bien también, ayer hiciste que empezara a ver las cosas desde otro punto de vista.

     -¿A que te refieres?

     -A que me enseñaste que no todo es malo y que por muy mal que esté todo, siempre hay una ventana o una puerta que se abre.

     -Tú y tus cosas de cantautor jajaja, ya te sacaré de quicio, tú tranquilo.

     -Puede ser, no te digo que no, pero ahora mismo solo puedo darte las gracias y pienso que aunque pudiera darte dinero para devolverte todo lo que estás haciendo por mí, pienso que nunca tendría suficiente.

     -Bah, deja de pensar eso. ¿Qué vas a hacer de comer hoy?

     -Sorpresa.

     -¿No me vas a dar ni una pista?

     -No, nada de nada, cuando llegues lo verás.

     Nos reímos un rato más y me voy a trabajar. ¿Le estará pasando lo mismo que a mí? O seré yo la única idiota a la que le apetece darle un beso a cada rato y pasar tiempo con él. Si me quiere sorprender con la comida yo le sorprenderé a la tarde yendo de paseo, no le dije nada de mi plan. De hecho no se ni a donde ir, supongo que coger el coche e ir por ahí sin sentido. Al llegar a la oficina me dan mucho más trabajo que ayer, no puede ser... y para colmo que vienen los jefes de la empresa y que no nos podemos ir, que nos tienen que comunicar algo. Lo que me faltaba, que nos despidieran a todos ahora. La empresa no va mal pero tampoco es para tirar cohetes. Tengo que llamarle y decirle que no voy a ir a comer, que putada, él que me quería sorprender con la comida y yo que no voy a comer a casa. A saber a que hora me puedo ir de aquí.

     La mañana pasa rápida y la tarde también, son las seis y por fin hacen aparición. Nos dicen que va a haber cambios en la empresa para bien. A saber que será, miedo me da... Que no nos pueden decir nada más pero que todo será mejor. A las ocho nos podremos ir. Sin perder tiempo le llamo y le digo que hasta las ocho y media no llegaré a casa, que prepare algo ligero para cenar si quiere y que se baje una peli del ordenador para ver en la tele. Le parece una idea genial así que perfecto. Mis planes a la mierda, me hubiera gustado irme con él por ahí pero nada, todo salió al revés.

     Cuando llego a casa, me dice que me vaya a la ducha que me tiene una cena preparada y la sala de cine lista. No lo pienso me voy hacia él y le doy un abrazo y un beso en la mejilla de los que me lo como. Dios, soy idiota, porqué me freno si quería darle un beso en los morros y quedarme tan tranquila. Soy idiota no hay más. Me voy a la ducha sin decir nada, él se quedo parado y sin saber que decir, normal, que una loca se te abalance y te arranque la cara con los labios no creo que sea de agrado. La ducha hace el resto, me da la tranquilidad y la paz que necesito en este momento, el día fue complicado en el trabajo y tener que estar allí encerrada con este calor fue horrible.

     -Bueno, ya estoy aquí. ¿Qué me tienes preparado?

     -Venga, siéntate y verás.

     No puede ser, al levantar el mantel veo un montón de canapés distintos y cada uno con mejor pinta que el anterior, hay de todos tipos. Patatillas hechas por él, aceitunas, palomitas... Hay de todo y yo que me muero de hambre.

     -Dios, que pintaza tiene todo.

     -Pues venga, al lío.

     -¿Qué película bajaste?

     -Como no sabía que te gustaba me bajé una de chicas. Busqué la que mejor crítica tenía y que a más chicas le gustaba.

     -Ya sé cual es, ¿Tú la viste?

     -No, no me suele gustar este tipo de cine.

     -Pues esta te va a gustar.

     Nos ponemos a cenar y a ver la película sin decir apenas nada. La luz cada vez se hace más baja y nos quedamos solo con la luz de la tele. Es mi momento, me apetece agarrarme y estar a su lado. Me abrazo a su cintura y apoyo mi cabeza en su pecho, él pone su brazo en mi vientre. Por un momento, mandaría la película a la mierda por estar esta noche con él pero no sé hasta que punto él quiere lo mismo. Si lo intento puedo crear una situación complicada, quizás si le dijera lo que me pasa podríamos entenderlo los dos o yo... No sé que hacer. El corazón me va a doscientos por lo menos. Al final acaba la película y no hacemos nada. Le digo de recoger esto y me dice que me vaya a la cama que ya lo hace él. No me deja hacer nada es genial.

     Me tiro en cama y al rato aparece él con el pijama puesto y se tira a mi lado, cabeza con cabeza mirando la tele.

     -Que bien huele tu pelo.

     -Jajajajaja y eso a que viene.

     -Pues que me giré para hablarte y se me metió tu pelo en la cara.

     -Perdona ya me aparto.

     -No, no, no me molesta todo lo contrario.

     El corazón vuelve a escaparse de mi pecho y mis pelos se erizan, me está volviendo loca. Tengo que cambiar de tema o no voy a poder aguantarme.

     -¿Qué tal fue tu día?

     -Bueno, pues estuve ordenando todo, hice la comida para mí y para Max, luego con tu llamada me fui de paseo con él y justo al llegar me dijiste lo de hacer cena peli. Fui al super, compré todo y me vine a prepararlo, me duché y te estuve esperando a que llegaras mirando por la ventana mientras me bebía una cerveza. Es genial esa ventana.

     Fue decirme lo de ordenar todo y mi vista se fue a mis muñecos. Allí está el maldito elefante. Solo verlo hace que me ría. Mañana lo pondré en su sitio antes de marcharme.

     -Pues aún hiciste cosas, yo nada, estuve trabajando. Vinieron los jefes y dijeron que va a haber cambios, para bien pero que va a haber cambios. Miedo me da...

     -Bueno no te preocupes, ya verás que todo sale bien.

     -Pues eso espero porque si no mal voy.

     -Bueno no pienses en eso. Te voy a dejar dormir ¿te parece bien?

     -Vale, mañana intentaré venir a comer.

     -Bueno si no puedes no pasa nada, nos vemos a la noche.

     Siempre tiene buenas palabras, me encanta, me deja con cara de idiota y sin saber que decir, solo con ganas de darle un beso y contestarle con eso. Me da un beso en la mejilla y se va a la habitación. Es un regalo, ojalá sea así siempre. El cansancio hace que me de la vuelta y me quede dormida sin pensar en nada.


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*Comentario del escritor:

     Con este capítulo vemos como poco a poco los dos van cediendo y se van dejando levar. Dejando atrás sus barreras y dejando entrar en su castillo el uno al otro. Cuando planeas algo y piensas que va a ser genial siempre pasa algo que lo estropea o impide que pase, por eso hice lo de la comida. Buena resolución por parte de él con la cena y la película. Creo que es imposible no poner esa sonrisa tonta que surge en esos momentos al leer esta historia. Espero que al leer sintáis esa maravillosa sensación, ya me entendéis.


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