Todo final tiene un comienzo
Alberto Leiva Pallarés



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Penúltima estación


"Capítulo 3: Malo será"

   Nos vamos a su coche con buen ritmo y con Max pegado a mí. No sé porqué hará esto y tampoco estoy seguro de que esto vaya a ser una buena idea. Quizás debería haber dicho que no y seguir con mi idea de irme a la estación a por el tren que saliera más rápido. Aunque tengo todas las dudas del mundo resonando en mi cabeza, también es cierto que hay algo en ella que me llama la atención. Su mirada es limpia, clara, transparente. Puedo echar un vistazo a su alma y comprobar que es una buena chica. También puedo ver que lo pasó muy mal en su vida. No sé si somos dos almas en pena o simplemente que todo el mundo tiene problemas y unos le dan más importancia que otros.

     -Max no se despega de ti.

     -Parece que le he caído bien.

     -No aparqué muy lejos.

     -Ok, ¿en que zona vives?

     -En Navia.

     -¿En la zona nueva?

     -Sí, ¿te gusta esa zona?

     -La verdad que no la pisé mucho, no sabría que decirte.

     -¿En dónde vivías?

     -En travesía de vigo.

     -Mucho ajetreo y mucho movimiento ¿no?

     -Sí, ya sabes... Una locura.

     -Mira, este es mi coche.

     -Vaya, un focus.

     Es mi coche favorito, siempre quise tener uno, además en color rojo cereza. Me encanta, lo tiene muy bien cuidado. Los asientos deportivos y el interior perfectamente bien cuidado, brillante y reluciente. Ambientador débil que le da un toque fresco y agradable sin llegar a empalagar ni a aburrir. Al encender la radio, una grata sorpresa. Bruce Springsteen hace aparición con “I'm going down”, una deliciosa melodía para este momento.

     -Vaya, te gusta Bruce?

     -Sí claro, cómo no me va a gustar, si es el mejor.

     -¿Tienes más canciones en el Pendrive?

     -Sí, de “el Boss” entre otros.

     -Me encanta, fui a un concierto del hará cuatro o cinco años en Santiago.

     -Anda, ¡¡yo también estuve en ese concierto!!

     -Fue genial, salvo la gente que se coló y no dejó pasar a algunos que habían pagado pero estuvo genial.

     -Ya, la organización fue una mierda pero ya sabes quien lo organizaba... En fin...

     -Jajajaja cierto.

     -Llegamos.

     Vive en la zona media de Navia, un sitio con mucha gente y a pesar de eso con poco ruido. Entramos en el garaje y nos disponemos a subir. El ascensor es bastante silencioso, la respiración de Max, característica de todos los pastores alemanes, hace que el silencio en él se vuelva un poco más acogedor. Al llegar arriba la chica abre la puerta y Max, entra a toda prisa. Me quedo impresionado, todo perfectamente colocado, un olor bastante agradable en su casa, al igual que en el coche. Por un momento recuerdo cuando todo iba bien, cuando todo era un magnífico sueño, cuando la felicidad era la dueña de mi vida y hacia que cada segundo fuera un regalo. Cuando vuelvo a la realidad veo que ella me está mirando y posiblemente estará pensando que estoy loco o cualquier cosa que se le pase por la cabeza. Ella decide romper el silencio y me dice que me sienta como en mi casa, seguidamente me enseña el piso. Primero me enseña la cocina, no es una cocina muy grande pero lo suficientemente acogedora y práctica para una persona que vive sola. Me enseña la nevera (no sé para qué... pero sonrío por complicidad), seguidamente me enseña el salón, con vistas al mar, algo impresionante sin duda. Las islas Cíes hacen de esta ventana un precioso cuadro que se pinta cada día con cada amanecer y cada atardecer. Luego me enseña la que será mi habitación. Un armario vacío, una cama pequeña, una silla y una mesilla al lado de la cama con una lámpara de Batman. La enciende para enseñarme que lo que se ilumina es la cabeza de Batman y de los ojos sale el símbolo para verse en el techo. Curioso sin lugar a duda. Después me enseña la habitación de su hermana que está tal cual la dejó ella en su último día. Al ver como cambia su cara, siento que no debo preguntarle, ni decirle nada al respecto, aún así siento que debería darle un abrazo pero mis músculos permanecen inmóviles sin ser capaces de reaccionar. Solo puedo quedarme mirando para ella sintiendo una lástima horrible. Un breve silencio hace que me quiera enseñar su habitación. Todo perfectamente colocado una vez más, lo que me dice que es lo suficientemente maniática como para no alterar su habitat si no quiero tener problemas con ella. Una cama grande, un armario empotrado, una butaca, un escritorio con estanterías y como no podía faltar una televisión colgada del techo perfectamente enfocada hacia la cama. Me dice que puedo ir a su habitación todas las veces que quiera para ver la televisión por las noches. Algo que hace tanto tiempo que no hago que incluso ya había olvidado. Le digo que intentaré no ser una molestia y ella me dice que todo lo contrario, que quiere que le moleste. Algo dentro de mí unido a su cara de antes, hace que le de un abrazo sin pensarlo. Una sensación de querer agradecerle esto que está haciendo y sin saber como. Una acción desesperada llena de sentimientos. La estrecho entre mis brazos con fuerza lo que hace que se relaje y clave su cabeza en mi hombro. La paz viene a mí, esa paz olvidada de la cual no quedan ni las cenizas de un fuego que ardía fuertemente. Decido separarme porque cada vez la aprieto más fuerte. Montones de recuerdos viene na mi cabeza, torturándome una vez más como lo hacían antaño. Mis ojos apunto de estallar se quedan mirando a los suyos, preciosos, cariñosos y sinceros, me encantaría darle un beso en este momento pero no puede ser, no puedo hacer esto. Me dice que me vaya a la ducha, la verdad que necesito una con urgencia. Le digo que no tengo ropa y me presta una del novio de su hermana.

     No sé como lo hace pero ya me ha hecho sonreír más de una vez, está cambiando algo en mí. Al volver a sentir el agua caliente cayendo sobre mí cuerpo hace que mis ojos comiencen a llover también, con la cabeza baja y rompiendo como un niño chico, me vuelvo lo más pequeño que hay. El sentimiento de derrota, de haber perdido todo, de no tener nada, solo un par de monedas con las que pensar que con eso aún soy libre pero no... No soy ni la sombra de un hombre libre. Al cabo de un rato vuelvo a la realidad, mis dedos más que arrugados, tengo que salir de aquí ya o pensará que me a pasado algo o a saber que se le pasará por la cabeza. Termino de ducharme y comienzo a vestirme, la ropa me queda un tanto ajustada, lo que me hace sonreír una vez más al pensar que soy un hombre joven a pesar de mi edad. Un delicioso olor a tortilla se cuela por la puerta del baño al abrirla, mi estómago se retuerce entre aplausos al saber que ese teatro se llenará esta noche. Al salir la veo mirando para la puerta y sonriente, me dice que me toca poner la mesa que se va a duchar. Tengo que elegir entre salón o cocina, sin dudarlo elijo el salón, ese precioso cuadro se merece que nos sentemos junto a él y le demos un toque cálido.

     No sé donde guarda las cosas así que seguiré mi lógica. Los platos y vasos en el mueble que está encima del fregadero, los cubiertos en uno de los cajones de la encimera y el mantel en alguno de los cajones también. Al ir abriendo los cajones se escapa de mi boca un “Bingo”, he acertado en todo. En uno de los viajes se abre la puerta del baño y choco con ella. Mi mente se queda en blanco al contemplar su pelo mojado cayendo por su hombro derecho, un albornoz blanco cubriendo su cuerpo y un olor que se cuela por mi nariz transportándome a un mundo sin ruido. Se va apresurada pidiéndome disculpas con su cara enrojecida por el momento. Al rato regresa con un vestido de flores, es realmente preciosa, tiene algo que me encanta, no se si es la dulzura, la ternura o su carácter alegre a pesar de su tristeza. Una maestra para enseñarme a desconectar de mis demonios.

     Nos ponemos a cenar hablando un poco de nuestras habilidades en la cocina, me pide que mañana le haga pollo asado a mi estilo. Ella ha hecho tres tortillas, no entiendo porqué no hizo una grande. Una se la dio a Max, otra para mí y otra para ella. Estuve a punto de preguntarle pero una vez más mis palabras no vuelven a salir de mi boca, quedando atrapadas en mi cabeza a la espera de juicio. Al terminar me dice que se va a la cama y que si quiero puedo ir con ella a ver la tele un rato. Declino la oferta diciéndole que fregaré los platos y me iré a la cama que estoy agotado. Ella se va a la cama pero no sin antes darme un abrazo de despedida. Otra vez esa sensación de paz, esta vez acompañada por su pelo que se pega a mi nariz, regalándome un olor perfecto, la estrecho fuerte una vez más y tras llenar mis pulmones con exceso de aire nos separamos.

     Mientras recojo todo, siento como enciende la televisión. Me siento un extraño en casa, no sabría definir esta sensación, me encantaría ir hasta su habitación y tirarme a su lado disfrutando de su compañía sin decir ni hacer nada, simplemente sentir su compañía. Es muy agradable y lo que está haciendo por mí es algo que nadie haría o por lo menos es lo que me han demostrado en este tiempo las personas con las que me he ido rodeando. Nada que decir de mis anteriores parejas, siempre es muy bonito al principio pero luego la fruta madura hasta pudrirse, quizás sea yo el gusano que hace que se pudra. El silencio viene a mi cabeza justo cuando termino de fregar. Me voy hasta su habitación para desearle buenas noches. Me gustaría acercarme y darle un beso en la frente como agradecimiento pero mis músculos una vez más son incapaces de moverse hasta ella.

     Me meto en cama y una felicidad fugaz se adueña de mí, la sensación de saber que mañana despertaré aquí sabiendo que a la noche volveré a estar en este mismo sitio, así durante una semana. Ese fue nuestro acuerdo. No tengo dinero para pagar ni para darle nada pero si que tengo dos manos para hacer tareas. Me dijo que se levantará a las ocho. Me levantaré a las siete y le prepararé el desayuno, intentaré no hacer ruido para no despertarla. Max hace su aparición en mi habitación y pone su cabeza a los pies de mi cama como pidiendo permiso para subir. Doy una palmada en la cama como dándole permiso y él se sube pegándose a mis piernas. Me mira con cara de felicidad mientras sus ojos se van cerrando lentamente. La habitación de ella y la mía están pegadas. En este momento nuestras cabezas están al lado pero separadas por una pared y en sentidos opuestos, yo con mis pies hacia el sur y ella hacia el norte. Me encantaría levantarme y acostarme a su lado pero no puede ser, esta noche no, mañana quizás lo haga pero hoy no. Lo repito varias veces en mi cabeza intentando convencerme de que es la mejor opción pero hay algo interno, una sensación que me dice “ve con ella y no lo pienses”. Esta noche no...

     El Batman lámpara o la “Batlámpara” como le llamó ella, tiene reloj y función alarma, la pongo para las 7:00AM y me doy la vuelta con la intención de quedarme dormido.

     El despertador hace su función y a las siete se monta un circo en mi habitación. Batman comienza a gritar mientras en el techo se ven dos símbolos de Batman moviéndose de un lado para otro. Intento apagarlo sin hacer ruido pero todo sale al revés, Batman se cae al suelo y sigue gritando, Max aparece en la habitación y me empieza a lamer la cara. Joder, vaya forma de empezar el día. Consigo apagarlo apartando a Max. Me levanto y voy hasta la habitación de ella. Al llegar veo que sigue dormida y destapada. Se dejó la ventana abierta y hay un poco de fresco, una brisa fría se cuela por ella. Me acerco sin hacer ruido con Max pegado a mis piernas, la tapo con la sabana hasta su cintura. Duerme de lado con un brazo debajo de la almohada y el otro junto a su estómago. Me encantaría darle un beso en la cara una vez más pero no puede ser. No puedo involucrarme tanto en esto, debo frenarme.

     Me voy a la cocina con Max, cierro la puerta y me pongo manos a la obra, tortitas para desayunar, zumo de naranja recién exprimida y café recién hecho. Tiene la marca que más me gusta, es genial. Pongo la mesa y llevo todo al salón. De camino a la nevera veo un block de Post-It con imán en ella. Una idea viene a mi cabeza, Voy a escribirle algo y se lo dejaré en su sitio para darle los buenos días. Lo doblo y lo dejo al lado del plato, junto a los cubiertos. Aún me quedan veinte minutos para que se despierte, me da tiempo a darme una ducha.

     No hay nada mejor después de levantarse que darse una ducha a una temperatura agradable. Me visto y al salir veo que aún quedan cinco minutos para que suene el despertador. Me voy al salón y me quedo contemplando el maravilloso espectáculo que se gesta en está ventana que me tiene enamorado. Ausente de la realidad, del espacio y el tiempo una voz ya conocida y recién despertada hace aparición.

     -¡Ala, pero que has hecho!

     -Buenos días señorita.

     -¡¡Has hecho tortitas!! Dios, hace años que no las como.

     -Vete a la ducha y después desayunamos ¿te parece?

     Sus ojos se quedan clavados en mí, se acerca y me da un beso en la mejilla, de esos besos que parece que se va a llevar consigo media cara.

     -No me des las gracias, después de lo que has hecho por mí, te mereces todo esto, es lo mínimo que puedo hacer.

     -No digas tonterías eres mi compañero de piso ¿recuerdas?

     -Cierto...

     -Venga me voy a la ducha ¡¡Max qué!! ni buenos días me das jajajaja.

     -Por la noche se vino a dormir conmigo hasta no sé que hora, me quedé frito.

     -Jajaja, si, es muy suyo.

     Se va a la ducha mientras vuelvo a perderme en este amanecer que es simplemente maravilloso. Mil cosas vienen a mi cabeza, vivencias pasadas, recuerdos, momentos... Buenos y malos, peleándose entre si, ojalá todo esto se terminara, estoy harto de todos los momentos malos, solo tengo ganas de estar en paz y en equilibrio con el mundo, sin pensar en nada que no sea vivir el momento que se me presente.

     -Ya estoy aquí.

     -Pues venga, desayunemos.

     -Traeré el café.

     Voy a por el café, la leche y el azúcar a la cocina, al volver la veo con los ojos mimosos, con la nota agarrada con sus dos manos y sin quitarme la vista de encima. Mirándome sin que su boca pueda decir nada.

     -¿Qué pasa?

     -Gracias, solo te puedo dar gracias por esto, es genial.

     -Es una forma de darte los buenos días.

     -Sabes... Mi hermana solía dejarme notas por todas partes con Post-Its y esto me ha hecho volver a casa, gracias.

     Se levantó y me dio un abrazo más, algo que empieza a convertirse en habitual.

     -Jajajaja, empezamos a tener un record en abrazos señorita.

     -Perdona... tienes razón, a mi me encantan y se me van de las manos...

     -No, no, no te preocupes, puedes abrazarme siempre que quieras.

     -Me encantan tus abrazos.

     -¿Qué tienen de especial?

     -Que me haces sentir seguridad y tranquilidad.

     -A mi me encantan los tuyos, delicados, tiernos y muy cálidos.

     -Desayunemos que si no se me hará tarde.

     -Venga, buen provecho.

     -Igualmente. ¿Entonces hoy me prepararás tu pollo asado?

     -Yo lo dejaría para el último día, si te parece bien.

     -¿Sigues pensando en irte?

     -Sí, creo que es algo que debo hacer.

     -Bueno, te quedan seis días, a ver que sigues pensando después de comer el pollo.

     -Jajaja, eso lo veremos cuando el futuro sea nuestro presente inmediato.

     -Ala, ¿cómo encajaste eso? ¿Eres escritor o algo raro?

     -No, no, bueno... Se tocar la guitarra e hice alguna canción, pero no son buenas.

     -Ya estamos, pues yo quiero oírlas.

     -Me da vergüenza...

     -Tienes, seis días para quitártela jajaja.

     Nos reímos y seguimos desayunando sin hablar mucho más. Cuando me preguntó si realmente me quería ir... No supe que responder, la verdad es que me estoy sintiendo como en casa. Después de cinco años viviendo prácticamente en soledad, esto no querría abandonarlo pero no se que haré y está claro que sin dinero no puedo quedarme aquí. No estaría bien...

     Después de desayunar me dio el dinero para la compra. Ella se fue a trabajar, yo me puse a recoger todo lo del desayuno y a limpiar. Intentando dejar todo en su sitio. Todas las habitaciones. Al llegar a la suya, veo un montón de cosas que no había visto, varios muñecos de películas y series lo que hace que me ria un rato largo. Todos bien colocados y ordenados por escenas. En el salón había un elefante pequeño, voy a tomarle el pelo un rato, en estos días dejaré el elefante en medio de todos estos, seguro que no se da ni cuenta. Hago su cama, recojo todo un poco, pongo la lavadora y me iré a la compra. Preparare algo de verdura, bolas de espinacas rellenas con piñones, nueces y almendras. Acompañadas con patatas cocidas, espero que le guste, de segundo le haré pechugas de pollo al horno.

     No me dijo nada pero me llevaré a Max a la calle, no hace más que ir detrás mía. Antes de ir a la compra lo llevaré a él. De pronto suena el teléfono fijo, una duda viene a mi cabeza, contestar o no. Decido no contestar. Una vez más vuelven a llamar, ¿qué hago?... Se para y otra vez vuelve a sonar, si suena una cuarta vez lo cogeré. Efectivamente una cuarta vez...

     -¿Hola?

     -¡¡¡Soy yo!!! Te iba a mandar un Whatsapp pero ¡¡¡no tengo tu teléfono!!!

     -No tengo teléfono...

     -¿En serio?

     -Si...

     -Bueno no te preocupes te llamaré a casa, era para decirte que saques a Max, que se me olvidó completamente. Se pasó toda la mañana a tu lado y se me pasó por alto, es la primera vez que me pasa, no estoy acostumbrada a tener compañía jajaja.

     -Jajaja, no te preocupes, lo iba a hacer ahora mismo, de hecho lo tengo con la correa puesta.

     -Te iba a decir que no lo sueltes pero no se va a despegar de ti, ya lo tengo comprobado jajaja.

     -Que simpática estás...

     -Bueno te dejo... ¡¡Un beso chaooo!!

     -Chau, otro para ti.

     -Max, tu compañera está loca...

     Max se quedó mirándome con las orejas de punta y con cara de “¿nos vamos ya?”. Un paseo de más de media hora con él, es muy obediente, siempre pendiente de mí y sin fijarse ni prestarle atención a los demás perros.

     El resto de la mañana pasa lo suficientemente rápido como para escuchar la puerta de la calle y ver que es ella la que llega.

     -Buenas tardes, ya estoy aquí.

     -Hola, ¿Qué tal tu mañana en el trabajo?

     -Buff, mucho curro pero genial, me pasó volando, ¿tú que tal?

     -Pues muy bien, he estado haciendo de todo y ya tienes la mesa lista para ir a comer.

     -¡No tenías que hacer nada!

     -Bueno, es mi manera de pagar.

     -Te voy a dar yo a ti es mi manera de pagar...

     Se va a su habitación mirándome con tono sarcástico. Me encanta está chica, es esa maldita sensación de estar en casa sin conocerla. No sé si le pasará lo mismo pero es una sensación genial, estoy muy cómodo con ella.

     -Dios... Quédate y no te vayas nunca... ¡¡Has hecho todo, hasta la comida!!

     -Claro...

     -Y aún por encima has hecho verdura, me encanta jajajajaja

     -Ahora solo queda que te sientes y también te guste como la he preparado.

     -A ver... ¡¡Mmmmm me encanta!! No se si es por no haber tenido que hacerla, porque vengo hambrienta o porque te quedó genial, pero me encanta.

     -Quizás sea un poco de todo.

     -Y no te pasaste con el sal, la gente es de echar un salero en la comida.

     -No, no me gusta mucho.

     Al terminar de comer preparo un café recién hecho para los dos. Al volver al salón, veo que tiene una bolsa y me sonríe.

     -Tengo algo para ti.

     -No me compres nada de verdad.

     -No puedes ir incomunicado por ahí.

     -Espero que no hayas...

     -Claro que lo he hecho, ¿estás tonto?

     -Me has comprado un teléfono... No se como voy a pagarte todo esto...

     -No me tienes que pagar nada, es un regalo.

     -Muchas gracias...

     No sé muy bien que decir tampoco, estas cosas me dejan en blanco, como si me estuvieran comprando con cosas que deber. No sabría explicar muy bien lo que siento.

     -Hasta el café te queda riquísimo.

     -Hay que hacerlo con cariño jajaja.

     -No me lo puedo creer... Has hecho una broma.

     -Ya... Es gracias a ti.

     -Si yo no he hecho nada.

     -Lo suficiente.

     -Bueno, prepárate que nos vamos de compras, necesitas ropa para toda la semana.

     -No de verdad...

     -No vas a llevar esa ropa, una semana...

     -Puedo intercalarla con la mía.

     -Si y lavarte en un charco también pero mientras estés en mi casa no.

     Intento hacerle ver que no pero no hay manera, es como luchar contra una roca. La tarde nos pasa volando, entre tiendas, bromas y paseos. Hacemos que el tiempo se nos vaya de las manos sin darnos cuenta de ello. A ella le apetece cenar pizza y nos vamos a una pizzería. Buffet libre para dos, comer como cerdos sin pensar en las consecuencias de ello.

     Cuando llegamos a casa, cojo a Max y me lo llevo a la calle, ella me dice que se va a tirar en cama que está “a tope” y tiene que tirarse para que eso se digiera de alguna manera. Un día perfecto, ha sido todo genial, con ella tengo una complicidad que no he tenido cono nadie y solo nos conocemos de un día. Es curioso como puede cambiar todo en tan solo una décima de segundo. Sé que esto no es para siempre, que estoy de prestado pero me apetece vivir esta semana como si no fuera a terminar nunca. Al llegar a casa me pongo el pijama nuevo y me voy a la habitación con ella.

     -Buenas noches, ¿sigues despierta?

     -Si claro, vente, estate un rato conmigo, no tengo sueño.

     -Está bien. ¿Qué estás viendo?

     -Estoy viendo el programa este de gente por el mundo. Me apetece viajar.

     -Y ¿Por qué no viajas?

     -Se llama así el programa aunque también me apetece pero no me gusta ir sola.

     -Yo iba a hacerlo jajajaja.

     -Yo nunca salí de esta ciudad, no conozco nada.

     -Yo tampoco, solo fui a Londres.

     -Ya hiciste más que yo.

     -¿Estás mejor de la barriga?

     -Si, parece que ya estoy mejor, comimos mucha pizza...

     -Ya, pero estaba tan rica.

     -Cierto pero no me hables más de ella o volverás a verla jajaja.

     -Mañana creo que hará calor.

     -Jajajaja, si, tiene pinta.

     Nos quedamos mirándonos a los ojos bobamente, sin pensar en el tiempo ni en nada que se mueva a nuestro alrededor, sus ojos son preciosos y sus labios cada minuto me apetecen más... Creo que es momento de irse o haré algo de lo que me vaya a arrepentir.

     -Bueno, me voy a ir a mi cama si no te importa, me está entrando un sueño encima que no me aguanto.

     -Está bien, yo voy a intentar dormir también.

     Le doy un beso en la frente, esta vez si, sus ojos se cierran lentamente y me regala un abrazo. Un abrazo de los suyos, de esos que no me apetece soltarme nunca más, aunque estallara la tercera guerra mundial me quedaría entre sus brazos hasta que el tiempo se detuviera para todos. Me voy a la cama y Max se viene detrás, pongo el “Batdespertador” y me doy la vuelta con Max a mis pies. Mis ojos se van cerrando hasta que me quedo completamente dormido.


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Penúltima estación "Capítulo 3: Malo será" by Alberto Leiva Pallarés is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
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*Comentario del escritor:

     Tercer capítulo, vamos con la visión de él. Mucha gente está confundida y piensan que los grandes momentos son los importantes. No es así, los pequeños momentos son los que mueven todo. Este capítulo tiene varios momentos que me encantan, son las típicas conversaciones que tienes con alguien que estás conociendo. La música, el coche, los dos estuvieron en el mismo concierto, etc. Siempre busco el más mínimo detalle que te teletransporte a la historia y te sientas el protagonista. Cuando él entra en la casa puedes ver, oler, sentir. Es genial. La visión de él nos muestra eso que quiero enseñar con esta historia, él se muere por ir junto a ella y darle un beso en la frente, agradecerle todo lo que está haciendo por él pero no es capaz de hacerlo. En el segundo día tenemos otro momento, el momento "Batlámpara" ¿a quién no le ha pasado eso? Intentar ser un ninja para dar una sorpresa y termina resultando un desastre, ruído por todas partes. Con él vemos la cara dura de alguien que no tiene nada y la otra persona le compra cosas. Para la otra persona no tiene importancia, lo hace porque quiere, pero para él es duro ver que no puede dar algo a cambio. Muchos me diréis "Joder, si le está dando casa, comida y le compra cosas... ¿Qué más puede pedir?" Pues no es agradable, es lo que puedo decir, para mi punto de vista no lo es. Al final del segundo día si que accede a irse a la habitación con ella. La atracción al final siempre surge, es inevitable.


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