Todo final tiene un comienzo
Alberto Leiva Pallarés



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Penúltima estación


"Capítulo 2: Todo se andará..."

   Un día genial para salir a pasear con Max. Cualquier cosa con tal de no pensar en el pasado, en todo lo malo que ocurrió. No se porque pero parece que cuando toco algo, se rompe o lo estropeo. Quizás lo mejor sea esto, estar sola y alejada de cualquier persona, al menos eso me mantendrá bien y tranquila.

     Soltaré a Max, así podrá pasear libremente sin ataduras también. Tiene dos años y una vitalidad increíble, siempre está dispuesto a jugar y a hacerte compañía cuando algo va mal. Pienso que él echa de menos a mi hermana tanto como yo. Estuvo una semana sin querer comer, sin querer salir a la calle y siempre con ese llanto que suena a lamento en los perros. Ella era tan alegre y tan buena, un ejemplo a seguir. Recuerdo que yo le quería llamar Dex y ella Max, al final lo echamos a suertes, una partida de billar, la que ganara le pondría el nombre. No, no decidimos ahí el nombre que le íbamos a poner, eso fue partida tras partida y siempre queriendo echar otra para desempatar jajaja. Con las clásicas peleas que tienen dos hermanas. Fue cuando entró por la puerta, recuerdo ese día perfectamente, lo trajo mi tío a casa de una protectora, al entrar era todo orejas, patas y esa mirada de cachorro triste que dice “¿Quiénes sois?” apoyándose en la pared de la entrada como buscando un sitio en el que sentirse cómodo se quedo mirándonos. En ese momento las dos nos miramos y cada una empezó a decir el nombre que quería, yo le llamaba Dex y ella Max, así el decidiría que nombre quería. Primero me miró a mi y luego a mi hermana, no se lo pensó dos veces movió el rabo, bajó las orejas y se fue junto a ella. A por un poco de mimos, soltando besos sin parar a su cara, lo que hizo que nos riéramos y decidiéramos que Max estaría bien. Desde entonces siempre estuvieron juntos. Aunque conmigo también estaba genial, la tercera pieza de su manada pero con ella siempre se sintió mejor. Dormía con las dos, hasta las cuatro de la mañana conmigo y luego el resto con ella. Si alguna de las dos faltaba él se iba toda la noche con la otra. Siempre dispuesto a protegernos y a cuidarnos. Luego mi hermana enfermó con el cáncer y ya no se pudo hacer nada, cada día nos recordaba que la despedida estaba más cerca.

     Me gusta venir a este paseo junto al mar, suele haber poca gente y tampoco hay muchos perros. El sol nos da todo el rato y el poder contemplar la ría y las cíes al fondo es genial.

     -¡Maaax ven aquí!!

     Max levantó la cabeza y se echó a correr como si hubiera reconocido un rastro o algo, me pongo a correr detrás del pero no hay manera de alcanzarle. Grito para que se detenga pero ni caso, es la primera vez que hace esto. Contemplando como se va alejando cada vez más y sin hacerme el más mínimo caso, sigo corriendo, quedándome sin aliento. Por suerte el sol está marchándose y la temperatura a descendido en estos días finales de junio. Después de un rato persiguiendo inútilmente a Max, lo veo acostado con un chico. Me freno y voy andando ahora que ya sé que está bien.

     Al acercarme veo al chico acariciando la cabeza de Max. Es un chico de estatura normal y complexión normal. Sus ojos son claros, sin vida, apagados y sin expresión que no sea una fuerte tristeza marcada. Su pelo castaño sin mucho empeño en peinarlo y bastante largo. Con una barba de una semana del color de su pelo. Lleva una camiseta blanca en la que hay serigrafiádo “California”. Pantalón largo, vaquero de color azul y unas zapatillas deportivas. Intento tirar de Max pero no hay manera, así que me siento y hablo con el chico.

     Tras tener una conversación, hay algo en él que me llama la atención. No sabría decir que es pero me siento cómoda a su lado es esa sensación de estar bien, en paz y en equilibrio. Tan solo unas palabras y me apetece seguir hablando con él. Su idea es irse y no volver, al parecer solo tiene 30€ en la cartera. Quizás sea demasiado confiada o lo que sea pero siento la necesidad de tener que ayudarle aunque sea tan solo una semana. Ese es el tiempo que acordamos para acompañarle a la estación y desearle suerte, siempre y cuando siga con la idea de querer marcharse. En mi piso hay tres habitaciones así que no hay problema, además vivo sola con Max y si el le acepta es por algo y algo de compañía también me vendrá bien a mí.

     Nos vamos hacia mi piso, no vivo demasiado lejos de aquí pero aún así he traído el coche. Continuamos hablando hasta él de temas varios, sin profundizar demasiado en nuestras cosas. Al montarnos en el coche subo a Max en el asiento trasero y lo engancho al seguro del cinturón de seguridad, el chico va de copiloto. Arrancamos y nos ponemos en marcha, por el camino intento hacer que se ría un poco pero no hay manera, no sé que le habrá pasado pero tuvo que ser horrible para no soltar ni una sonrisa fingida. En el coche no hablamos mucho, solo algo sobre mi música y poco más, al parecer a los dos nos gusta “El Boss” eso es bueno, así no habrá problemas jajajaja. Entramos en el garaje, cojo a Max y nos vamos al ascensor. Vivo en el duodécimo, con vistas a la ría, supongo que le encantará esa visión, además es muy relajante por las mañanas. Yo siempre desayuno con mi café en la mano viendo hacia el mar. Al entrar en casa, suelto a Max y el chico va algo desubicado, descolocado, extrañado, puedo ver en su cara la misma cara de Max cuando entró en nuestra casa por primera vez. Sin saber muy bien que hacer, ni a donde ir. Me veo en la necesidad de romper el hielo.

     -Puedes hacer lo que quieras, siéntete en tu casa.

     -Muchas gracias.

     -Ven te enseñaré la casa.

     Le enseño la cocina, el salón y su habitación, también le enseño la habitación de mi hermana, sigue tal cual se quedó en su último día. También le enseño mi habitación.

     -En mi habitación hay tele, si por las noches quieres verla antes de dormir puedes venir, pero solo un rato que madrugo jajaja.

     -Está bien, intentaré no molestarte mucho en mi estancia aquí...

     -¿Estás de coña? Estás aquí para molestarme, estoy harta de estar sola, aunque Max y yo ya hicimos nuestro propio lenguaje para entendernos, echo de menos interactuar con humanos en casa.

     Por fin consigo que sonría un poco, fue decirle eso y me dio un abrazo. Fue extraño, mis ojos se cerraron al volver a sentir uno y más con esa fuerza y sensación de no saber como dar las gracias. Me hizo sentirme protegida y agradecida por ello, si por mí fuera no me separaría de esta sensación, pero él hizo que fuera fugaz, o quizás me lo pareció a mí. Al separarnos nos quedamos mirándonos a los ojos, sus ojos enrojecidos me hacen darle otro abrazo este con un toque de dulzura.

     -No te preocupes, aquí estarás bien.

     -Gracias...

     -Vete a ducharte te sentará bien.

     -Me vas a tener que perdonar, pero no tengo más ropa.

     -Creo que puedes tener suerte...

     Por primera vez voy a la habitación de mi hermana sin intención de ponerme a llorar desconsoladamente, haciendo que Max se vuelva loco intentado calmarme. Su “novio” por llamarle de alguna manera, se dejó algo de ropa en un cajón de su armario. Al abrirlo descubro el tesoro, un pantalón vaquero, una camisa y ropa interior, suficiente.

     -Toma, seguro que te queda apretado porque era del “novio” de mi hermana.

     -¿No vendrá a buscarlo?

     -¿Quién, el que dejó a mi hermana cuando se enteró que tenía cáncer? Que se atreva a venir por aquí.

     -Típico...

     -Venga, vete a la ducha que te enciendo el calentador, ya sabes donde está y no te quejes por los champús que son de chica y te dejarán la piel suave y el pelo brillante y con volumen jajajajaja.

     Consigo arrancarle otra sonrisa a este pobre infeliz. Menos mal que esto solo resuena en mi cabeza si no a saber como le sentaría.

     -Gracias de verdad.

     -Otra vez, deja de dar las gracias, en cuanto salgas de la ducha somos compañeros de piso, olvídate de todo lo demás, y deja de ser un pobre infeliz.

     Uy... No puede ser que se lo haya dicho... Parece que le sentó bien, se va riendo, bueno me doy por satisfecha. Mientras se ducha me pongo con la cena, haré tres tortillas pequeñas, seguro que tiene hambre y si no se la come mañana. Max siempre atento mientras preparo la comida, este perro es medio tonto, aunque vea que estoy pelando patatas y que no le gustan, siempre se me cae un trozo lo mete en la boca y lo escupe, en espera de otro trozo que lo más seguro es que me vaya a caer y así repetimos la jugada. Por un momento dudo si echarle cebolla, pero una vez más en esta casa se come lo que hay, así que con cebolla. Si le gusta “El Boss” le gusta la tortilla con cebolla.

     Termino de hacer las tortillas y este aún no salió, espero que esté bien. ¿Se habrá suicidado? Me da cosa preguntarle. En ese preciso momento, se abre la puerta del baño y sale. Caray... Si que le sienta bien una ducha...

     -Te toca colocar la mesa señorito, ahora me voy a duchar yo.

     -Has hecho tortillas, me encanta.

     -Si y con cebolla.

     -Genial me encanta con ella.

     -Como me digas gracias, te vas de casa jajajaja.

     -No, no, somos compañeros de piso.

     -Eso, ala, ahí te quedas, pon la mesa.

     -En la cocina o en el salón.

     -Tú eliges.

     Una vez más vuelve a dibujarse una sonrisa en su cara, cada vez es más fácil sacarla a pasear. Al entrar en el baño descubro que no ha manchado nada, ha dejado todo limpio, ni pelos, ni nada que reprocharle. Genial, al menos es cuidadoso. No hay jabón por fuera, ni mancho el bote con él, simplemente genial. Pongo la radio y me relajo un poco en la ducha. Tras la ducha me llevo una horrible sorpresa, me olvidé por completo coger ropa limpia y no estoy sola en casa, mierda... Por suerte tengo un albornoz. Salgo de forma apresurada y me tropiezo con él que justo salía del salón. Está poniendo la mesa allí.

     -Ups, perdona...

     -Nada, perdóname tú, que me olvidé coger ropa...

     Sin apenas mirarle a la cara y todo muy rápido, me voy a mi habitación donde me visto con lo primero que veo. Vestido de flores hasta las rodillas, me sirve...

     -Bueno, bueno, ya pusiste la mesa, que eficiencia.

     -Claro, fue un poco complicado descifrar como ordenas las cosas pero usé la lógica.

     -¿Qué lógica?

     -Como lo pondría yo.

     -Jajaja, ¿también eres maniático?

     -Mucho tiempo solo, ya lo sabes...

     Le doy una tortilla a Max y me voy a cenar con el chico.

     -Bueno, espero tu veredicto.

     -Está realmente buena y te diré que hace mucho que no comía una tortilla tan rica... No es mi especialidad.

     -Pero ¿vivías solo no?

     -Si, pero la tortilla nunca fue mi fuerte, en cambio hago un pollo asado perfecto.

     -Vale, mañana cuando venga a comer, quiero comer pollo asado.

     -Vale.

     -Tranquilo, la comida la pagaré yo, te dije que serás mi invitado.

     -Dijiste compañero de piso.

     -Bueno es técnicamente lo mismo jajajaja

     Otra sonrisa que conseguí arrancarle. La cena fue genial, hacia mucho que no tenía a nadie con quien compartir estos momentos. Estoy realmente feliz.

     -Bueno me voy a ir a la cama, mañana me levanto a las ocho, pero si quieres puedes venirte y charlamos un rato.

     -Si no te importa, preferiría recoger y fregar esto y luego acostarme, estoy agotado.

     -Me parece perfecto salvo lo de recoger y fregar, lo hacemos entre los dos, venga.

     -No, deja, déjame hacerlo a mí, es la única manera en la que no me sienta tan raro.

     -Está bien, pues nada, ahí te dejo, dejaré la puerta de la habitación abierta, no sé que querrá hacer Max. Si quieres cierra la tuya, así no te irá a molestar.

     -Nada, tranquila, no me molesta, si viene será bienvenido.

     -Seguramente me abandone por ti, no se ha despegado de tu lado en ningún momento, solo por comer su tortilla. No sé que le habrás hecho pero le gusta estar a tú lado.

     -Siempre me llevé bien con ellos. Supongo que esas cosas las saben.

     -Puede ser, bueno, te dejo, un abrazo.

     Le doy un abrazo y vuelvo a sentir esa sensación, mis ojos se cierran y desearían que este momento no se detuviese. Además de su olor a limpio que es genial. Se separa de mí y se pone a recoger la mesa. Me voy a la habitación después de darle un beso a Max en la cabeza y desearle buenas noches. Max se queda mirando para mí pero se queda con él. Desde la cama escucho como hace las tareas en la cocina, al terminar se va a la habitación pasando antes por la mía que estoy viendo la televisión y me desea buenas noches desde la puerta, para después irse a la suya. No se que hay en ese chico pero me llama la atención y me hace sentirme segura con él y sobretodo sentirme en paz y en equilibrio. Mañana le prepararé el desayuno.


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*Comentario del escritor:

     En este capítulo conocemos a la chica, su forma de pensar y su forma de afrontar las cosas. Tiene el primer acercamiento con el chico. Un abrazo, a veces con un abrazo se pueden transmitir muchísimas cosas y esto es lo que nota ella al abrazarle. Siente la necesidad de protegerle al igual que hacía con su hermana. Hay varios momentos curiosos como el momento "tortilla", a la gente que le gusta con cebolla (me incluyo) pensamos que es la mejor forma al igual que los sin cebolla piensan que es la mejor forma. Por último cuando se van a la cama, ella le hace la proposición de ir a su habitación y charlar un rato. Él la rechaza y le dice que se irá a su habitación. Por esos momentos se puede saber con que fin está una persona en tu vida y con lo que hace él creo que le demuestra más a ella que si le hubiera dicho, "vale, cuando termine me paso".


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