A veces nos toca vivir momentos muy duros. Situaciones que pensábamos que nunca podrían ocurrir, pero que están ocurriendo. Sin saber muy bien porqué, nos convertimos en protagonistas de una historia en la que no queríamos participar.

Son momentos duros, y que en ocasiones, se vuelven interminables. Vivimos encerrados, privados de libertad para proteger a los que queremos y para protegernos a nosotros mismos. Nos escondemos en nuestras trincheras de un enemigo que no podemos ver a la cara, pero sí, que podemos ver el daño que provoca en la cara de quien lo sufre.

Hoy echamos más de menos a quien lo es todo y no podemos ni tocar.
Hoy cruzamos los dedos para no ser víctimas de algo que no sabemos ni como reaccionará en nuestro cuerpo.
Hoy valoramos todo eso que hacíamos sin prestar atención, siempre con prisa.
Hoy queremos despertarnos y que todo se acabe, queremos volver a reírnos con los nuestros. A sentirlos, a tocarlos, a dar esos abrazos y esos besos que no deberían acabarse nunca.
Hoy nos toca esperar, un día más, un día menos.
Hoy entendemos que no sirve de nada quien eres, ni cuanto tienes. Que lo que importa no es material, y está al alcance de todos.
Hoy descubrimos que no vale de nada soñar sino luchas por tu sueño.

Estoy convencido que saldremos reforzados de todo esto. Que aprenderemos a vivir y a disfrutar. Que valoraremos más las cosas y que querremos de verdad, con todas nuestras fuerzas.

Hoy daría todo por estar a tu lado, por abrazarte, por darte uno de esos besos tan bonitos con los ojos cerrados.
Hoy me quedaría dormido en tu barriga sin importar el tiempo, sin darle vueltas a nada.
Hoy te digo que te quiero, que la vida se me hace corta desde que te he conocido. Que son muchas las cosas que quiero vivir a tu lado. Que es contigo con quien quiero saltar los charcos. Que no me importa a donde vayamos, que lo que de verdad importa es seguir dando pasos por el mundo contigo.

Y eso es lo que de verdad importa, vivir el hoy, que para mañana, ya habrá su tiempo.