No pasa nada por pasar página.

Las mejores historias, las historias bonitas necesitan muchos libros, escribiendo hasta por los márgenes, sin un patrón, totalmente impredecibles. Están hechas para disfrutarlas, para vivirlas, para saltarse los puntos y las comas.

Historias imperfectas que se vuelven perfectas, que a veces no encuentran camino, que se estiran pero nunca se rompen. Historias que pueden quedarse sin tinta pero seguir escribiendo, que hasta el mejor bolígrafo a veces se atasca, suelta un chorretón y sigue escribiendo. Que no importa con que se escriba si la temática es «juntos». La vida puede contar muchas historias pero la de cada par de dos es única. Protagonistas de su propia obra, ajenos a la crítica de la prensa rosa, dibujantes de un mundo, constructores de sueños. La vida a veces puede correr deprisa y cada segundo cuenta, aunque vayamos con prisa.