Llegaste para enseñarme todo lo que no quiero en mi vida. Y es que a veces hay que aparcar los sentimientos en un sitio al que no sepamos volver. Tirar la llave y marcharnos a reencontrarnos con nuestro interior.

Perdemos cuando cedemos demasiadas veces lo que no tenemos. Dejamos a un lado lo que somos, por ser lo que quieren que seamos.

Olvidamos por completo lo que un día quisimos llegar a ser. Todos nuestros sueños, nuestras metas. Las guardamos en cajas que ahora tenemos que desempolvar.

Volver a creer en nosotros, volver con más fuerza, con más ganas de comernos el mundo.

Gracias por colarte en mi vida, por hacerme débil sólo por sentir. Gracias y te lo dedico a ti, que rompiste cada sonrisa. Que creaste ríos que inundaban los hoyuelos que tanto te gustaban.

Gracias por enseñarme lo que no quiero volver a tener.