No fue una noche como otra cualquiera. Lo cierto es que éramos dos desconocidos, pero allí estaba ocurriendo algo más que una presentación. Y es que no hace falta mucho para saber que es ahí donde quieres quedarte. Una mirada puede cambiarlo todo.

El primer beso eterno que parece que no quiere llegar. Ese momento previo en el que los labios quieren rozarse y dejarse llevar. Aparcamos los miedos, besándonos a corazon abierto. Los sentidos alborotados, con ganas de sentir cada caricia. Haciendo de la situación el momento perfecto.

A veces todo cambia sin previo aviso. Puedes no querer nada y al rato no querer que se vaya nunca más. Que se quede contigo para siempre, que ya fueron muchos años separados.

Hay personas que sólo pasan una vez en la vida, esas que te llenan cada día un poquito más. Que te dan felicidad con sólo estar cerca. Que te dicen lo que piensan, sin filtros, aunque te moleste. Que por muchos enfados no se van a ir, porque el amor sólo puede ser sincero. Y es ahí cuando descubres, que tu mayor tesoro en esta vida, lo tienes justo enfrente. La persona que se volvió tu hogar, tu sitio seguro desde aquella noche de julio.