Todo final tiene un comienzo
Alberto Leiva Pallarés



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El cazador de leyendas


"Leyenda 1: La leyenda del hombre lobo"

   Mi nombre es Héctor y aunque parezca imposible tengo 455 años. Nací el 11 de junio de 1556 en la villa de Vigo. Mi infancia la pasé como cualquier chico, jugando con los demás chicos y ayudando a mis padres. Cuando cumplí trece años tuve que empezar a trabajar con mi padre pescando en la ría.

     A los 28 años me casé con Lucía de 26. La que sería mi mujer hasta su fallecimiento. Con ella tuve a mi hijo Miguel un año después de casarnos. Los dos murieron en el ataque del pirata Francis Drake. Mi mujer tenía 31 años y mi hijo 4.

     Yo me encontraba con mi padre pescando cerca de las islas cíes. Los piratas nos atraparon y nos llevaron a una de las islas. A mi padre lo mataron a sangre fría cortándole el cuello con un cuchillo. A mi me tiraron al suelo, me agarraron entre varios y apareció lo que debía ser una hechicera o una bruja. Tenía un ojo negro y un ojo rojo. No sé que me haría pero me quedé inconsciente varios dias en la isla.

     Cuando recupere el conocimiento pude ver la barca que había construido mi padre. Los piratas no se molestaron en quemarla ni en hundirla. Doy gracias por eso. Cuando llegué a Vigo, todo había pasado y todo estaba en lo que se considera normalidad, a excepcion de mi mujer y mi hijo. Cuando entré en mi casa ya no estaban. Fue la vecina, la señora Florinda la que me dio la mala noticia.

     Habían pasado tres semanas desde lo sucedido. Los años fueron pasando y lo que había pasado como un hecho anecdótico más en la historia, había resultado ser algo más. Todo empezó con la hechicera, con un ojo rojo y uno negro, me había maldito con la inmortalidad. Paró mi tiempo en la edad de 33 años, desde ese momento dejé de envejecer.

     Las décadas siguieron pasando y empecé la búsqueda de la hechicera. Quería que rompiera este conjuro y me dejara ser libre. Recorrí todos los pueblos de Francia y de España en su búsqueda. Una vez en 1602 estuve casi a punto de enfrentarme a ella pero llegué demasiado tarde y consiguió escapar.

     El resto de mis años los dediqué a la caza pero no a la caza común. Tenía un instinto primario para luchar contra criaturas que solo caminan por las leyendas de los pueblos. Transmitiéndose entre generaciones de padres a hijos.

     Vivo en la provincia de Ourense en una casa de madera alejada de la civilización y de cualquier ser humano en un par de kilómetros.

     Hoy 31 de Agosto de 2011 estoy siguiendo a una manada de lobos cerca del pueblo ourensano llamado Lobios. Hace cinco dias ha aparecido un hombre de unos cuarenta años muerto por el ataque de algun animal salvaje. Las autoridades piensan en perros salvajes o alguna manada de lobos. Yo sin embargo se que lo ha matado la manada de lobos que estoy siguiendo.

     La manada se compone de la pareja alfa y de cuatro lobos jovenes. Han pasado la mañana al lado de un riachuelo, el calor era asfixiante y no debían tener muchas ganas de moverse. Las horas fueron pasando y el anochecer se hecho encima. Es hora de saber si son lobos o algo más. Si son lobos escaparán al sentir mi presencia sus estómagos están llenos de lo que comieron ayer. Si por el contrario me hacen frente será por que son algo más.

     Antes de ir hacia ellos vuelvo a comprobar mis dos dagas en cada pierna, dos espadas cortas cruzadas en mi espalda y dos Colt 45 en mis caderas. Acompañado por mi chaqueta de cuero marron oscura larga. Las hojas de acero toledano tienen grabado el símbolo de trisquel en cada lado.

     Cuando levanto mi mirada para volver a ver a la manada, me llevo una sorpresa que casi me saca el corazón del sitio. La hembra alfa estaba a unos tres metros mirándome fijamente. Eché mis manos lentamente a las dagas de mis piernas, por si necesitaba un movimiento rápido.

     El resto de la manada sigue en el rio. De repente la loba se transformó en humana. Una chica de unos 24 años, rubia de pelo largo, ojos claros y un cuerpo de infarto. Claramente estaba completamente desnuda. No dejaba de mirarme fijamente mientras soltaba una sonrisa pícara.

     -¿No te vas a levantar?- dijo la mujer loba con tono sarcástico.

     -Desde esta posición tengo una visión perfecta- Dijo Héctor con la misma sonrisa.

     -Hombres... Así que por fin logré captar tu atención. ¿Eres el gran Héctor no?, el cazador de leyendas- Dijo la mujer loba.

     -Conoces mi nombre y mi historia... veo que los chismorreos corren rápidos entre los bichos- Dijo Héctor levantándose.

     La mujer loba hizo lo que parecía un gruñido pero siendo humana, realmente una gran estupidez, sonó bastante ridículo.

     -No vuelvas a llamarme bicho o acabaré contigo- Dijo la mujer loba.

     -¿Me estás amenazando?, jajaja- Dijo Héctor.

     -No es una amenaza, es un advertencia. ¿En estos años no has aprendido la diferencia?- Dijo la mujer loba.

     -He estado demasiado ocupado para ir al colegio- Dijo Héctor.

     -Por cierto, me llamo Lucía- Dijo la mujer loba acercandose.

     -¡No des un paso más!- Dijo Héctor sacando sus dos espadas cortas.

     -Jajaja, ¿tienes miedo de una mujer desnuda?, no me dirás que no tengo un buen cuerpo- Dijo Lucía.

     -Tengo que reconocerlo, para ser un bicho estás bastante bien- Dijo Héctor.

     Lucía volvió a gruñir como la primera vez. Una vez más volvió a sonar igual de estúpido.

     -Por favor, deja de hacer eso, suenas ridícula- Dijo Héctor.

     -¿Puedes guardar tus juguetes?, no voy a hacerte nada malo...- dijo Lucía moviendose lentamente hacia Héctor. -Necesito tu ayuda- dijo Lucía dando vueltas al rededor de Héctor.

     -No ayudo a bichos, solo me los cargo- Dijo Héctor.

     Tan pronto decía eso, Lucía cogió un colt 45 de mi cadera y me apuntó a mis partes mas vulnerables.

     -Si vuelves a decir bicho te mato- Dijo Lucía.

     -¿Otra vez con amenazas?- Dijo Héctor.

     Agarré la mano de Lucía mientras me giraba. No se como pero acabó en el suelo de espaldas y yo sentado encima suya con el colt 45 apuntando a su cabeza.

     -¿Qué quieres?- Dijo Héctor.

     -¿Puedes dejar de apuntarme con tu pistola?- Dijo Lucía -y sal de encima-.

     Guardé mi Colt 45 y me levanté ayudándole a incorporarse.

     -Los que me convirtieron. Me están siguiendo y no consigo quitármelos de encima. Quieren que me una a su manada.- Dijo Lucía.

     -¿Y por qué no lo haces?- Dijo Héctor.

     -Por que soy una buena chica... mujer loba... chica loba... da igual. Lo que sea. Quiero vivir tranquila sin tener problemas. Quiero que me dejes ir contigo. Se que a tu lado no tendré ningún problema, ellos te tienen miedo y jamás te seguirán, ni se acercarán- Dijo Lucía.

     -No me vendría mal algo de compañía pero toma... ponte esta chaqueta, no vas a ir por ahí enseñando tu cuerpo a la gente- Dijo Héctor.

     -Podría hacerlo tengo un cuerpazo jajaja. Gracias Héctor- Dijo Lucía abrazándose a héctor.

     -No me las des, siempre quise tener una mascota. Hace años tenía un perro...- Dijo Héctor.

     Lucía volvió a soltar el gruñido estúpido, mientras clavava sus ojos en mí.

     -Has matado un hombre, eso no podrás volver a hacerlo- Dijo Héctor.

     -Cuando me transformo pierdo el control, me cuesta controlarme- Dijo Lucía.

     -No es luna llena, ¿por qué te transformas?. Todos los hombres lobo con los que me crucé, siempre se transformaban en luna llena- Dijo Héctor.

     -No lo sé, yo puedo transformarme cuando quiero- Dijo Lucía.

     Nuestra conversación se murió hasta que llegamos a mi casa.


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"El cazador de leyendas: 1.- La leyenda del hombre lobo" by Alberto Leiva Pallarés is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
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*Comentario del escritor:

     Primer capitulo del cazador de leyendas, la primera es la del hombre lobo... Creo que nadie se espera lo que aquí pasa, dos personajes distintos pero a la vez tan iguales.


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