Hay momentos que simplemente son perfectos. Los que se producen con distancia corta y con la persona que más vas a querer en tu vida aunque aún no lo sepas. Reconoces su olor sin saber de que te suena, pero te suena. Sus gestos forman recuerdos que no sabías que tenías, aunque no los recordabas. Es ese momento en el que se crea la chispa, en el que nace la magia, en el que el universo se alinea sólo para dar unión a dos «desconocidos» que se conocen de más allá de una vida.
 

     Una mirada, una caricia casual o un roce de labios basta para saber que es en el reflejo de sus ojos en el que quieres envejecer. De primeras piensas que es una locura, mil y un miedos recorren tu cuerpo, hormigueos, mariposas que chocan contra las paredes de tu estómago pero por mucho que lo esquives, por mucho que quieras correr, ya estás dentro. No hay escapatoria y sin que aún no lo sepas, es lo más bonito que vas lograr en la vida.
 
     Conocer a una persona con quien lo puedes compartir todo es difícil, tendemos a buscar personas afines con los mismos gustos, sin entender que los polos iguales se repelen. Lo estudiamos en la escuela siendo niños y lo ignoramos… «bobadas del cole». Hasta que aparece nuestro polo opuesto, que nos atrae incondicionalmente, quien nos hace enloquecer y cometer auténticas locuras. Alguien que nos descoloca en las discusiones pero que nos morimos de amor cuando sonreímos.
 
     La vida es sólo un momento y está en nuestra mano saber aprovecharlo.