Hay un momento en el que el dolor le gana a los reproches. Cuando ya no te quedan fuerzas ni para rebatir. Te queda la tristeza de haber luchado con todas tus fuerzas, de haber dado todo lo que tenías porque para ti, si que era importante y merecía la pena. Atrás dejaste renuncias, incluso perdiste un pedacito de ti en varias ocasiones.

Todo por construir un futuro, por diseñar un camino que aunque fuera más duro, sería más bonito. Porque cuando lo haces con la persona que quieres, no importan las piedras del camino, porque siempre hay una forma para saltarlas.

El silencio se convierte en el grito más fuerte. El miedo a perderse ya no intimida, porque ya estás perdida.

Con el tiempo vuelves a brillar, porque tarde o temprano lo harás, pero siempre con el vacío de quien ha significado tanto. La persona culpable de cada una de tus sonrisas, de cada momento de felicidad. Y ahí se quedará siempre ese vacío, como quien pierde una pieza de un puzzle de mil piezas.