Todo final tiene un comienzo
Alberto Leiva Pallarés



Relatos cortos El diario de Jensen Penúltima estación El cazador de leyendas La historia de Jack Harley del 86 Vida y obra Tienda
Poesias La llama de hielo Cartas de guerra El cerdito Kurtly Bar Camilo Frases de Twitter Contacto Foro
Microrrelatos Relatos ilustrados Colaboraciones



Cartas de guerra


"Carta 5: El síndrome del alma robada"

   Queridos mamá y papá, os escribo desde Orsha, ciudad perteneciente antiguamente al país de Bielorrusia. Hoy he luchado por primera vez en el frente. He disparado y he alcanzado a un soldado de la alianza rebelde. Después de eso he sufrido lo que los demás soldados llaman "El síndrome del alma robada".

     Ese nombre se le da a la primera muerte que consigues en batalla. Sientes pena, tristeza, desolación y un montón de sentimientos juntos luchando por ser el más fuerte. Piensas que esa persona a la que acabas de matar podrías ser tú, piensas en su familia, piensas que hace nada estaba respirando y que una simple acción le impide volver a hacerlo, piensas que jamás podrá volver a sentir amor, felicidad, nervios, estrés, pena, etc.

     Malley, Josh y los demás muchachos del tercer batallón me dijeron que solo hay dos opciones después de padecer "El síndrome del alma robada". El primero es aceptarlo y seguir adelante y el segundo es, obsesionarse, empezando a crear un circulo de locura en el que finalmente quedas atrapado y no puedes salir, con un final tan trágico como el de la víctima que lo provocó.

     Aun no sé en que punto estoy, si podré soportarlo o no. Después de matarlo me resguarde en la pared, debajo de una ventana durante unos minutos. Al poco volví a empuñar mi fusil y fui incapaz de volver a disparar. Mi mano se agarrotó de tal manera que me tuve que volver a resguardar. Unos temblores comenzaron a surgir en mis piernas y en mis brazos. Cuando todo terminó por mucho que intenté levantarme no fui capaz. Era como si mi cuerpo pesara 300Kg.

     El Teniente Houstov se acercó a mí, me miró fijamente y con un tono de voz fuerte y con seguridad me dijo. "Vamos Jeffstoon, levante su culo del suelo y corra hacia el siguiente objetivo con sus compañeros o yo mismo le meteré una bala en la cabeza". Como si de una medicina milagrosa se tratase, sus palabras rompieron mi bloqueo. Mis piernas y mis brazos dejaron de temblar. Malley me ayudó a levantarme y corrimos hacia el siguiente objetivo.

     Ahora os escribo desde la base dentro de la ciudad, sin saber muy bien como seguirá esto. Espero que todo os vaya bien y que tengáis algo que comer todos los días.

     Con esto me despido, espero poder enviaros mas cartas y recibir las vuestras.



Os quiere, vuestro hijo: Jeffstoon Lawer Blackwood.


Licencia de Creative Commons
"El síndrome del alma robada" by Alberto Leiva Pallarés is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
© Todos los derechos reservados.


Si te ha gustado este contenido, puedes colaborar en mi causa como escritor. 1 céntimo es como un grano de arena que ayuda a construir una duna entera.
¡¡¡¡Gracias a todos/as!!!!