Mes: marzo 2019

28 motivos

Hace ya algún tiempo de aquel amor de primavera, donde florecían las ganas entre miradas de complicidad y sonrisas nerviosas. Los dos se esperaban cada noche para acariciarse con palabras que susurraban con los dedos. Eran como el libro que lees despacio porque no quieres que se acabe por nada en el mundo. Se cuidaban el uno al otro entre algodones, con cuidado para que ninguno se hiciera daño. Eran el sueño del amor, se conocían desde hace tiempo pero se acababan de encontrar. Ausentes de la vida que les rodeaba, encerrados en su burbuja, creando magia donde antes no había ni esperanza.

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Amar en primavera

Hoy comienza la primavera, los días crecen a cada paso, como las ganas de sentir, de vivir, de dejarse la piel. Es tiempo para los corazones, para que bailen, para que jueguen, para que sueñen… caminos que se cruzan, algunos incluso ya se cruzaron, pasos con saltos pero siempre cogidos de la mano, sonriendo, con besos, con caricias, con los sentimientos a flor de piel. Que los problemas se resuelvan con abrazos, que los miedos nos hagan valientes y que los silencios se vuelvan conversaciones interminables. Que tendrá la primavera, que nos vuelve locos, pero que bonita es la locura que nos hace felices.

Mi hogar eres tú

Todo empezó con un «hola», pero no era un saludo cualquiera, los dos sabíamos que acababa de pasar algo más. La culpa fue de sus ojos y su forma de mirarme, sin prejuicios, sin expectativas, sin barreras. Una puerta se acababa de abrir y tras ella la sonrisa más bella. Me cogió de la mano y me dijo «Ven, pasa, quédate conmigo y acompáñame en este viaje». No lo dudé y me dejé llevar.

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Un reino en el bosque

Si la vierais con mis ojos entenderíais porqué mereció la pena jugárselo todo, pero para que esto tenga sentido empezaré por el principio.

Era una mañana cualquiera y yo estaba en el bosque cortando leña, una tarea común para todos los campesinos del reino. De pronto, escuché un llanto, una voz quebrada que te rompía el alma con sólo escucharla. Fui hacia ella y descubrí que se trataba de la princesa, sentada en el suelo y llorando desconsoladamente. A su lado estaban sus dos lobos, que siempre la acompañan a todos lados.

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